El síndrome de las Farc


El síndrome de Estocolmo, según Bejerot, asesor de la Policía sueca, es más común en personas que han sido sometidas a algún tipo de abuso, tal es el caso de rehenes, por ejemplo. Corresponde a una reacción psicológica en la que la víctima de un secuestro o una retención en contra de su voluntad desarrolla una relación con un fuerte vínculo afectivo con su captor o captores.

Al ver la imagen de la Sra. Ingrid Betancur apoyando a Petro Gustavo, me pregunto si ella no hace parte de ese síndrome de Estocolmo. 

Durante 8 años los colombianos vivimos en vilo por su secuestro. Un día, se conoció una imagen en blanco y negro, flaca, desnutrida, la cual demostraba el estado de descomposición física y emocional. Los colombianos salimos decididos a repudiar el secuestro prolongado no solo de la Sra. Betancur, sino de sus compañeros, as, de cautiverio.  La marcha, en efecto, se produjo el 4 de febrero del 2008. 

Mientras que la Sra. Betancur vivía secuestrada en la selva, su esposo, el señor Lecompte hizo una cruzada nacional. Se tatuó su brazo derecho, con la imagen de ella. Se dio a la tarea, gracias al apoyo de los helicópteros del ejército nacional de distribuir volantes donde supuestamente se encontraba. 

Su lucha, fue en vano. 

La sorpresa no se hizo esperar.

Una vez, liberada por la operación Jaque, la Sra. Betancur mostró su verdadera dimensión humana.

Lo primero que hizo fue solicitar el divorcio con el señor Lecompte.  Acto seguido, demandó al Estado colombiano por una escandalosa suma millonaria, demanda que nunca prosperó.  Luego, se fue a vivir a Paris a sus anchas mientras que el señor Lecompte sufría a nivel personal el abandono y la traición de su mujer amada.

Más mórbido no puede ser este relato, pero es la realidad de lo que sucedió. Así, fue. Nadie lo puede negar.

Del señor Lecompte, no volví a saber nada más hasta que la semana pasada. Según el diario El Espectador, hizo un llamado a la Sra. Betancur para que cumpliera con sus obligaciones legales y con la justicia.

Por obra y gracia del proceso de paz con las Farc, nos encontramos secuestrados y enamorados.

Vivimos una radiografía del síndrome de Estocolmo.

Y, ni hablar de la JEP y sus grandes logros.

Que tal las vacaciones del autor material al club el Nogal, los del Nogal enamorados del proceso de paz con las Farc, junto con el inefable ministro Rivera Kerenski.

De ver y no creer como decía Santo Tomás.

A su vez, el gobierno corrupto y amoral de JMS se enamoró de las Farc, manteniendo una relación, vínculo, con sus captores.

Ni hablar de los seguidores de Petro. Enamorados de su captor, tan captor que se apoderó del discurso de Álvaro Gómez Hurtado: El Acuerdo sobre lo fundamental, ante el silencio del Partido Conservador colombiano.

A pocos días de elegir un nuevo presidente, sería bueno que los colombianos reflexionaran con cabeza fría antes de tomar una decisión en caliente.

Dios, nos libre.

Puntilla: Yo, votaré por Iván Duque porque no quiero vivir secuestrado cuatro años por Petro, quien sabe cuántos más por esa izquierda carnívora en el poder. 

@RaGomezMar

 






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