la dieta de la felicidad


En 2005 Fernanda Romero sufrió una fuerte depresión. Apenas tenía 28 años y atravesaba un doloroso divorcio que le quitó el gusto por la vida. En su esfuerzo por sacar la cabeza de ese agujero negro, comenzó a salir más con sus amigas. Bebía en exceso, se atragantaba con hamburguesas, pizzas y todo tipo de comida chatarra. Empezó a subir de peso, a dormir más, a rendir menos en el trabajo y a olvidar algunas palabras.

Entonces, comenzó a atravesar su peor crisis. “No quería comer y bajé de peso muy rápido sin ninguna precaución”, relata. Por ese desequilibrio en su alimentación, entre otros factores, no podía poner en orden su salud mental. Aunque pocas veces un psicólogo hace la relación entre los hábitos de comida del paciente y la depresión, “la alimentación es clave para elevar los niveles de energía”, explica a SEMANA Ángela Losada, directora en Colombia de la Fundación El Arte de Vivir.

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Según el psiquiatra Drew Ramsey, autor del libro Eat Complete, “una mala dieta no le proporciona al cerebro la variedad de nutrientes que necesita para estar saludable. Y los alimentos fritos o procesados a menudo contienen grasas trans que promueven la inflamación cerebral, lo cual, se cree, es una de las principales causas de la depresión”, dijo a The Wall Street Journal.

Una de las primeras medidas para tratar la depresión de Romero fue cambiar la alimentación. “Nada de comida chatarra y comer a horas muy estrictas. La idea era volver a equilibrar mi metabolismo”, cuenta. Poner en práctica este simple hábito le cambió la vida. “Aunque la gente no tenga conciencia de ello, somos lo que comemos”, dice Losada. Asegura que ingerir con frecuencia azúcares, cafeína o estimulantes conduce a la inestabilidad mental. “Nos pone felices al instante, pero luego nos sentimos sin energía”, explica.

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Un reciente estudio de la Universidad de Deakin, en Australia, muestra que controlar la comida no solo previene la depresión, sino que permite tratarla. Los expertos lo probaron con una muestra de 67 pacientes que ya recibían tratamiento antidepresivo y psicoterapia. A la mitad de ellos les ofrecieron tratamiento nutricional y a los demás, un apoyo social individual. Luego de tres meses, quienes mejoraron sus dietas mostraron un buen estado de ánimo. Un trabajo similar, realizado por la Universidad de Australia del Sur, demostró que esta mejoría podría extenderse hasta seis meses. Y si los pacientes mantenían una dieta mediterránea a base de verduras, frutas, mariscos, aceites y carnes con bajo porcentaje de grasa, podrían reducir el riesgo.

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Aunque no a todos les afecta la mala alimentación, está claro que los alimentos influyen sobre el estado emocional de quienes los consumen. Como Romero, se estima que más de 300 millones de personas en el mundo sufren de esta condición, y en Colombia afecta, al menos, a 4,7 por ciento de los ciudadanos. “No hay una fórmula secreta para todos. Lo que sí puedo asegurar es que si hay una manera de curar rápidamente la depresión, es empezar a cuidar la comida”, concluye Losada.




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