Marco Gonsen – Instagramers


 

Facebook se está convirtiendo cada día más en una red para viejitos. Desde hace varios meses la firma eMarketer ha documentado que la plataforma fundada por Mark Zuckerberg no atrae a los jóvenes, tendencia que se acentúa en cada nuevo reporte.

Hace justo un mes, el 12 de febrero, eMarketer pronosticó que, este año, menos de la mitad de internautas estadunidenses de entre 12 y 17 años de edad entrará a Facebook al menos una vez al mes. Si bien su número de usuarios en EU aumentará 1% respecto de 2017, para quedar en 169.5 millones, este crecimiento se deberá a los grupos de mayor edad. Según eMarketer, el número de facebookeros de 11 años de edad o menos disminuirá 9.3% en 2018; los de entre 12 y 17 años se reducirán en 5.6% y los de entre 18 y 24 años bajarán en 5.8% por ciento.

Los beneficiarios de estas deserciones son Snapchat e Instagram (este último, propiedad de Facebook). La empresa de análisis pronostica que la primera agregará 1.9 millones de usuarios de 24 años o menos, mientras que la segunda reclutará a 1.6 millones. Sin embargo, en cifras globales Instagram supera aún con amplio margen a su competidora y en 2018 aumentará en 13.1% su número de usuarios en EU para llegar a 104.7 millones, mientras que Snapchat aumentará 9.3% y terminará este año con 86.5 millones.

Concebida originalmente como una app para compartir fotografías que cualquiera podía modificar mediante el uso de filtros, Instagram ha evolucionado hasta convertirse en un vehículo de expresión e identidad para los más jóvenes, que prefieren comunicarse por medio de imágenes y, sobre todo, no coincidir en una red donde puedan monitorearlos sus papás o sus maestros.

Entender este fenómeno es uno los propósitos que movió al realizador Jonathan Ignatius Green a filmar el largometraje documental Social Animals, estrenado el fin de semana pasado en el festival South by Southwest (SXSW) en Austin, Texas, y en el que, de acuerdo con la sinopsis incluida en el sitio web oficial del filme, se observa el mundo digital y real del adolescente de hoy, cuya existencia se enfoca en la imagen, y cuyo éxito y autoestima depende del número de seguidores, comentarios y likes que consiga.

Green desmenuza ese nuevo género de celebridad llamado instagramer, que hace todo cuanto esté en sus manos para obtener “un poco de amor, aceptación y, por supuesto, fama”, y para ejemplificarlo presenta a tres jóvenes.

La primera es Kaylyn Slevin, californiana de 15 años con 478 mil seguidores, que sueña con ser modelo de Victoria’s Secret y que, si bien ya ganó algunas competencias de baile y belleza, aún no tiene la estatura para competir en las grandes ligas en Nueva York. Su meta es alcanzar el medio millón en su base de fans, no importando que tenga que hacer una que otra treta en el camino.

El segundo personaje es Humza Deas, fotógrafo oriundo de Queens, con 227 mil seguidores, y cuya vida cambió gracias a la cámara de un iPhone 4 roto. No le importar arriesgar el físico trepando puentes para obtener los mejores ángulos de la Urbe de Hierro. Su trabajo ha aparecido en portadas de revistas y en sellos postales, y si bien ha engordado su cuenta bancaria, el éxito le ha costado perder amistades.

El cuadro lo completa Emma, una típica adolescente de Ohio que en algún sentido representa el lado oscuro de esta obsesión. Víctima de ciberacoso, ha sufrido recurrentes dudas sobre su imagen corporal. Para ella, procesar las desventuras de su vida en línea no es tan fácil como borrar una publicación.

Social Animals es la continuación natural del primer corto que dio a fama a Green, 1997: The birth of the camera phone, que en poco más de cuatro minutos recrea la historia de la primera foto compartida de forma inalámbrica en 1997, en la que aparece la hija recién nacida del fráncés Philippe Kahn.

De hecho, como explicó en una entrevista al sitio The Verge, Green se enfocó en la generación nacida después de 1997 y que creció en un mundo que sólo conoce la rápida captura e intercambio de imágenes. Aunque había entrevistado a académicos, a la hora de la edición final decidió prescindir de sus explicaciones y se limitó a exponer sin filtros sociológicos el retrato de una juventud a la que sólo pretende describir más allá de juicios, celebraciones o lamentos.

Si lo logró, sólo lo sabremos cuando la película esté disponible para el gran público. Por lo pronto, no esperemos saber mucho de ella a través del face.

                                                marco.gonsen@gimm.com.mx

 




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