Opinión Pablo Romero sobre el Mundial de Rusia y la Selección Colombia – Mundial Rusia 2018


Bien dicen que la vida de los hombres se mide mejor en mundiales. Así es más fácil recordar el paso del tiempo, con sus detalles. Pasa en la vida y pasa en el fútbol. Por eso, a la Selección Colombia la miramos inevitablemente en el espejo del último mundial, del que solo nos quedaron buenos recuerdos: el quinto lugar histórico, un James estelar, un fútbol ambicioso, un himno nacional que tronó más fuerte que la samba, y hasta un gol fantasma de Yepes que aún celebran los indignados. Fue un mundial mágico, el que a Colombia le toca tratar de vencer.

Cuatro años después, Colombia llega al Mundial con un dolor en la columna. Lleva en su espalda el peso de ese quinto lugar que obtuvo en Brasil. Y claro que pesa. Como hace cuatro años regó épica en la cancha, ahora las expectativas son muy altas: el país no espera menos y los rivales esperan que no sea más. Pero lo más difícil de hacer historia es repetirla, y peor, es superarla. Ese es el enorme desafío.

Lo primero que tiene que hacer Colombia es liberarse de ese peso. La Selección tendrá un buen campeonato en Rusia si no se le atraviesa la Selección Colombia de Brasil 2014, la que era cuatro años más joven, con todos sus momentos mágicos. Es decir, si no está pensando en lo que hizo y en lo que le tocaría hacer ahora para llegar más lejos. Le toca dejar esa presión en el banquillo, o mejor, en el hotel. Ojalá que ni siquiera la haya llevado en el equipaje, porque sus rivales la están mirando con ojos vigilantes, atentos y prevenidos. Fue el rol que se ganó.

Eso es apenas normal para una selección que mantiene un técnico, varias de sus figuras y una esencia de victoria. Por eso es que su rival más difícil del grupo quizá no sea ni Japón ni Senegal y ni siquiera Polonia, sino ese pasado que el país espera que supere. Esta Selección de hoy, aunque tenga varios futbolistas del mundial pasado, es diferente, y probablemente es mejor que la de hace cuatro años. Lo es porque aunque tiene ausencias notables (como Mario Yepes y Camilo Zúñiga, que ya no están), tiene nuevos y furiosos guerreros (Dávinson Sánchez, Yerry Mina, Mateus Uribe, Wílmar Barrios…), y varios de sus íconos están cuatro años más grandes (Juan Guillermo Cuadrado, David Ospina, Carlos Sánchez), y tiene a James Rodríguez en su estado más estelar, y por fin tiene presente a Falcao García, el ausente que no pudo bailar samba. Y con James y Falcao juntos en Rusia, Colombia jugará con más tranquilidad, y el país tendrá más esperanza en cada batalla.

El Mundial de Brasil, el que aún tenemos tan fresco en la memoria, el que nos permite mirar el pasado (nuestro y de la Selección) con alegría, hay que mirarlo desde hoy como un espejo para detectar las nuevas armas y las nuevas falencias del equipo, que está, se supone, cuatro años más maduro. Pero no se lo puede mirar como un listón. Eso sería poner el equipo en un callejón oscuro y sin salida.

A partir del martes, cuando la Selección desafíe a los impredecibles japoneses, su historia mundialista se renovará. Pueda ser que esta Colombia venza en Rusia a la Colombia de Brasil, con nuevas hazañas: ese es el inevitable desafío de cada cuatro años.

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PABLO ROMERO
Redactor de EL TIEMPO
En twitter: @PabloRomeroET






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