“Quería ser futbolista pero me hice drogadicto”


Coto Matamoros, durante la entrevista.
JORGE PARÍS


Hace años que Coto Matamoros salió de la televisión, o como él dice: “me mataron”. Creó un perfil: “un tipo transgresor” al que después han querido imitar. Su personaje en Crónicas marcianas era una nueva manera de hacer televisión. Ahora, pasado aquello y dado por bien perdido, publica libro de vida y queja: Manual de reclamaciones (Cúpula).

¿Por qué este libro?

Es un libro antisistema de verdad, no de vándalo que rompe escaparates que cubre el seguro de un banco. Eso y la estupidez es lo mismo. Tenía la necesidad de reivindicar la belleza como felicidad. La belleza es lo que más nos acerca a la felicidad y a Dios.

¿A Dios?

Al dios que yo entiendo. La belleza es una realidad intuitiva, en la que no tienes que pensar. Cuando tienes delante un cuadro de Rothko, tienes esa emoción. Y esa emoción es belleza, y eso es algo que no se le puede provocar a Pablo Iglesias.

¿Por qué?

Porque Pablo Iglesias desconoce, lo dijo en público, el expresionismo abstracto, algo que le debería descalificar para cualquier actividad política. Se declaró analfabeto. Y es el peor de todos.

¿El peor?

Sí, porque es un traidor a sí mismo. Los otros políticos no traicionan nada; han llegado a la política cuando su idea ya estaba vendida. Pablo es un enamorado de lo feo, va contra la voluntad de la libertad, es un pastor de masa apaleada. Es un tipo sin sensibilidad.

¿Eso cree?

Ha tenido acceso a la educación y a la cultura, era profesor; tenía que tener una formación. Por eso me choca más que se le vote. Hay que salir de ese juego.

¿Cómo?

Se sale con juicio propio, algo que está perjudicado por el sistema educativo. Nuestro sistema es una fábrica de idiotas. La inteligencia emocional está perseguida.

¿Y el talento?

El talento está perseguido. Despiertas un odio terrible. La enseñanza es: sé uno más, no destaques porque te van a meter un estacazo.

¿Su paso por el colegio (estuvo interno) fue traumático?

Visto desde fuera, sí; pero desde dentro, no tanto. Hacía lo que me daba la gana. Soy alérgico a la autoridad. La única autoridad que reconozco es la moral o la intelectual. Pasaba de los estudios, de mis padres y de todo el mundo. Eso tiene sus consecuencias, claro.

El primero que pasó de usted, cuenta en el libro, fue su padre…

Sí, y le agradezco mucho que pasara de mí. No le he perdonado, porque cuando uno perdona el maltrato, tiene un gran riesgo de convertirse en un maltratador, pero me alegro por tener un padre así. Si no es por él, yo no sería así, y me gusta cómo soy. Sin él, habría acabado siendo cualquier otro que acepta lo que sea. Lo mismo trabajaba de funcionario o estaba en una gran empresa.

¿Su principal reclamación?

Suprimiría lo primero la democracia. Se usa para que la gente piense que decide cuando no decide nada. Si la mayoría son tontos, ¿quién no conoce más tontos que listos? De ocho personas solo uno es listo. Por tanto la decisión que toma la mayoría es la decisión de los tontos , así que es evidente que la decisión es fallida.

¿Cuánto bueno y malo le debe a la televisión?

A la televisión no le debo nada bueno, solo algún amigo. Me debe la televisión a mí. No me supieron entender nunca. ¿Y qué acabaron haciendo? Pues una caricatura de un imbécil que es capaz de tatuarse la cabeza. Y luego: “vamos a deshumanizarlo y matarlo”. Pero no me van a matar, porque la opinión de la gente me trae sin cuidado. Pero fue lo que quisieron. Deberían tener cierto agradecimiento, porque ganaron mucho conmigo. Y no han tenido jamás esa audiencia. Buscaron un sucedáneo y se equivocaron porque es un coñazo. La televisión solo me ha perjudicado y mucho.

¿Qué quería ser de niño?

Me habría gustado ser futbolista, pero pasé de querer ser futbolista a ser drogadicto, y no se llevan bien la aguja y el balón; se pinchó el balón. Así que busqué ser más feliz de lo que era.

¿Tal vez por eso entró en la droga?

La droga fue la forma de formar parte de algo, porque yo no me sentía parte de nada. Fue formar parte de una sociedad imaginaria. Y luego que es un anestésico. Si no, no habría heroinómanos. Pero hay que desdramatizar: desengancharse es lo más fácil del mundo. Y yo no puedo ser tan desagradecido como para hablar mal de algo que me lo ha hecho pasar tan bien. Aunque ya no.

¿Y ahora qué quiere?

Seguir siendo feliz. Y la edad humaniza y ayuda. Yo no entiendo a la gente para nada, me parece una barbaridad, pero mis juicios son menos radicales, tengo otra mirada sobre ellos. Voy tolerando la estupidez mucho más. Y me da pena, porque conozco un tío que me cae bien y me empieza a contar sus historias y digo: qué imbécil.

¿Cómo se sale de la cárcel?

La cárcel es uno de los sitios donde mejor puedes estar hoy en día. Tienes un médico, gimnasio, comida. Lo que no puedes es someterte a las humillaciones del sistema. Si te vienen a ver a través de un cristal gente que ha hecho 300 km y espera dos horas para verte en un sitio maloliente, te sometes a algo que te hará sentirte un mono. Ese es el sufrimiento de la cárcel. Y luego puedes aprovechar que el delincuente, que es un tipo normalmente averiado, tiene unas historias que pueden hacer que lo pases fenomenal



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