Un vacío universal – Muerte de Stephen Hawking – Editorial – Opinión


Stephen Hawking, la mente más brillante de la astrofísica contemporánea, murió este martes a los 76 años, después de llevarle la contraria, por más de medio siglo, al curso normal a un mal que, si bien lo dejó sin movimiento, no le afectó su genialidad científica.

Considerado una de las diez personas más inteligentes del planeta –con un cociente intelectual de 160–, el autor de ‘Breve historia del tiempo’ ocupó en la Universidad de Cambridge la misma cátedra de matemáticas que impartió Isaac Newton.

Aunque no se le concedió el Premio Nobel, sus trabajos son de tal trascendencia que se mantendrán por mucho tiempo como la base para entender las leyes de ese universo que –desde su silla de ruedas– convirtió en un laboratorio infinito.

Aunque no se le concedió el Premio Nobel, sus trabajos son de tal trascendencia que se mantendrán por mucho tiempo como la base para entender las leyes del universo.

Teoremas sobre las singularidades espaciotemporales en el marco de la relatividad general, la consolidación conceptual del big bang como el gran comienzo, la teoría del todo y la predicción teórica de que los agujeros negros emiten radiación (radiación de Hawking) son parte de su valioso legado. A lo que hay que agregarle el agradecimiento general, porque, no obstante la complejidad de todos estos temas, Hawking no ahorró ningún esfuerzo para hacer de la cosmología algo fácil de comprender, incluso para la gente del común, y hasta digerible, en términos divertidos y en armonía con el fino humor del que siempre hizo gala.

Invaluable producción de un cerebro singular que tenía que expresarse a través de un sistema informático predictivo, que convertía sus gestos y el movimiento de sus mejillas en textos que daba a conocer con esa voz robótica que fue su impronta por varias décadas. Hasta en eso fue genial.

Pérdida irremplazable deja la partida de su brillantez retadora, esa que algún día dijo que “solo somos una raza avanzada de monos en un planeta menor de una estrella promedio. Pero podemos entender el universo. Eso nos hace muy especiales”. Sin duda, el mundo ya empieza a extrañar a este profesor de todos.

editorial@eltiempo.com

Hawking llegó a los 75 cuando se creyó que no pasaría de los 25

Stephen Hawking sufre de esclerosis lateral amiotrófica (ELA) desde los 21 años, le daban máximo cinco años de vida.

Foto:

Facundo Arrizabalaga / EFE




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