Durante más de dos décadas, el verbo ‘googlear’ se erigió no solo como una acción cotidiana, sino como el sinónimo indiscutible de la comprobación. Ante cualquier incertidumbre, la solución estaba clara: escribir la duda o concepto, pulsar enter y aguardar a que una sobria lista de enlaces azules dictaminara el camino a seguir.
Sin embargo, ese ecosistema en el que el conocimiento del mundo cabía en un rectángulo blanco se está desmoronando. Para las generaciones que han crecido con el pulgar en movimiento perpetuo, el buscador por defecto ya no es un motor de texto como Google, sino un flujo infinito de videos verticales e imágenes propulsadas por algoritmos que parecen predecir el deseo antes de que haya sido formulado.
Google es el líder de los motores de búsqueda a nivel mundial. Foto:iStock
En este nuevo escenario, TikTok ha trascendido su etiqueta de plataforma para el baile y el entretenimiento rápido y se ha transformado en el epicentro de la curiosidad humana, como una suerte de nuevo oráculo digital. Es la nueva fuente de consulta para millones de jóvenes en todo el globo.
Las estadísticas confirman este cambio de guardia en el tablero digital. Según revela una encuesta de Sprout Social, un 41 por ciento de la generación Z ya prioriza las redes sociales como puerto de entrada a la información, desplazando por primera vez a los motores de búsqueda convencionales, que han quedado relegados a un 32 por ciento.
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Este cambio en la forma de buscar por internet no responde a un capricho generacional ni a una moda efímera, sino a una exigencia, cada vez más normalizada, de inmediatez y, sobre todo, de autenticidad… Aunque esta última sea a veces simulada.
Para los jóvenes de la generación Z (aquellos nacidos entre 1997 y 2012), el modelo anterior ha quedado obsoleto. Ya sea para aprender a reparar la rueda de una bicicleta, para comprobar la eficacia de un nuevo cosmético o buscar recomendaciones turísticas, los usuarios no están dispuestos a transitar por una recomendación de URL de artículos de miles de palabras, a menudo lastrados por el relleno, la publicidad invasiva y las estructuras artificiales del posicionamiento SEO.
TikTok es la red favorita entre los jóvenes. Foto:iStock
En su lugar, TikTok ofrece una experiencia inmersiva a través del llamado “contenido generado por el usuario” (UGC, por sus siglas en inglés). Y, si este cambio de paradigma entre los centennials resulta llamativo, en el caso de sus herederos es todavía más contundente.
Porque para la generación alfa (aquellos nacidos a partir de 2013), el mundo nunca ha sido una página estática con un texto por descifrar. Han crecido junto con los contenidos, primero, horizontales y, después, verticales.
Los datos de seguimiento de dispositivos recogidos en el informe anual de Qustodio dibujan un escenario revelador: los menores y adolescentes situados en la franja de los 4 a los 18 años dedican ya una media de 120 minutos al día a navegar por TikTok.
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Además, según los datos que arroja Ofcom, un 30 por ciento de los niños de entre 5 y 7 años ya utilizan la plataforma, a pesar de la restricción oficial de 13 años que la propia compañía establece como frontera de acceso.
Los peligros
Así, para un sector cada vez más amplio de la población, la realidad se ha reducido a los márgenes de su muro personalizado de TikTok. Si un acontecimiento de escala global no logra filtrarse y aparecer en su sección ‘Para ti’ (‘For You Page’), ese suceso no existe para ellos.
Pero, mientras que Google ha dedicado décadas a perfeccionar unos algoritmos diseñados para priorizar fuentes de autoridad (como instituciones oficiales o medios de comunicación contrastados), TikTok se mueve bajo una premisa distinta: la retención de la atención.
El entretenimiento es más importante que la veracidad. Y así, cada vez que un usuario acude a la red social en busca de respuestas ante una crisis humanitaria o una duda de salud, la estadística es abrumadora: existe una probabilidad de 1 entre 5 de que el primer impacto visual que reciba sea, en realidad, una noticia falsa.
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La investigación pone énfasis en el terreno de la medicina: en las búsquedas relativas a tratamientos para diversas enfermedades, los resultados están llenos de “afirmaciones falsas y engañosas”, recalca el estudio.
La espiral de desinformación encuentra un aliado inesperado en la propia tecnología de la aplicación. Lejos de actuar como un filtro, el buscador de TikTok es a menudo un catalizador involuntario de las teorías de la conspiración, en parte porque la función de autocompletar despliega ante el usuario un abanico de sugerencias polarizantes.
Además, ciertos creadores de contenido han dado con un ingenioso sistema de camuflaje semántico, el ‘algospeak’. Mediante el uso estratégico de símbolos, emojis o faltas de ortografía intencionadas, los usuarios logran que temáticas sensibles eviten la censura.
La metamorfosis de TikTok, que ha pasado de ser un rincón digital de nicho a erigirse como la principal fuente de información para las nuevas generaciones, es ya un hecho consumado. Y la prohibición del acceso a redes sociales para los menores de edad de Europa o Australia pone sobre el tablero más dudas e incógnitas respecto al futuro de las búsquedas online para los jóvenes.
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El desafío para las marcas, los docentes y las instituciones adquiere una nueva dimensión: si la verdad no viene en un video vertical de apenas 45 segundos, vestido de esa autenticidad artificial que exige el algoritmo, no será relevante para casi la mitad de la generación Z y prácticamente la totalidad de la generación alfa. Porque aquello que no habita en la pantalla de su celular, sencillamente, no forma parte de su realidad.
Nora Cifuentes
EFE Reportajes

