En una ciudad donde la migración ha dejado de ser un fenómeno transitorio para convertirse en parte estructural de su dinámica social y económica, Bogotá da un paso decisivo hacia la inclusión laboral de miles de personas refugiadas y migrantes. La reciente firma de un Memorando de Entendimiento entre la Alcaldía Mayor y Tent Partnership for Refugees marca un punto de inflexión para pasar de la atención humanitaria a la integración productiva.
El acuerdo, suscrito por el alcalde Carlos Fernando Galán y Brandon Yoder, vicepresidente de las Américas de Tent, no solo consolida una alianza institucional, sino que introduce un enfoque pragmático frente a uno de los principales retos de la ciudad: cómo integrar de manera efectiva a una población que, aunque cuenta con capacidad de trabajo, sigue enfrentando barreras estructurales para acceder al empleo formal.
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“Un empleo formal es el camino más eficiente hacia la autosuficiencia”, explica Yoder. Bajo esa premisa, Tent ha construido una red global de más de 500 empresas que trabajan de manera activa en la inclusión laboral de refugiados y migrantes, articulando intereses empresariales con necesidades sociales.
El contexto colombiano evidencia una paradoja que esta alianza busca resolver. Según datos citados por Tent, el 61 por ciento de las empresas en el país reporta dificultades para encontrar la mano de obra que necesita. Al mismo tiempo, hay cerca de 2,8 millones de migrantes, de los cuales el 70 por ciento está en edad de trabajar, pero una gran proporción se encuentra en la informalidad.
Brandon Yoder, vicepresidente de las Américas de Tent. Foto:Tent
Esta brecha no es menor. En Bogotá, por ejemplo, viven alrededor de 600.000 migrantes y refugiados, pero solo una fracción —cerca de 72.000— cuenta con empleo formal. El resto se mueve en economías informales, con baja estabilidad y sin acceso a seguridad social.
Ahí es donde la alianza adquiere sentido estratégico. Más que crear programas asistencialistas, busca conectar dos realidades que hasta ahora han operado de forma simultánea: empresas con vacantes sin cubrir y una población con capacidad laboral subutilizada.
Oferta y demanda
El rol de Tent en este ecosistema es de articulador. La organización trabaja directamente con empresas para desmontar mitos y barreras percibidas frente a la contratación de población migrante, especialmente en lo relacionado con trámites legales y requisitos administrativos.
“Muchas empresas creen que contratar migrantes es complejo, que implica demasiado papeleo. Parte de nuestro trabajo es desmitificar ese proceso y mostrar la realidad”, señaló Yoder .
En 2020, 1.650 migrantes venezolanos en Colombia se vieron forzados a desplazarse. Foto:FOTO: Jaime Moreno / El Tiempo
Además, Tent ofrece consultoría gratuita a las empresas para implementar prácticas de contratación inclusiva, diseñar procesos de selección más abiertos y aprovechar un talento que, en muchos casos, ha sido ignorado.
No se trata de generar cuotas ni programas paralelos, sino de integrar a esta población dentro de los procesos normales de reclutamiento, ampliando la mirada del sector privado sobre sus potenciales fuentes de talento.
Beneficios
Según el directivo, el Memorando de Entendimiento no es un documento simbólico. En la práctica, establece líneas de acción concretas que podrían transformar el mercado laboral de la ciudad.
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Entre las principales medidas se encuentran el fortalecimiento de rutas de empleabilidad, con énfasis en población migrante; conexión directa entre empresas y candidatos, facilitada por redes locales y organizaciones aliadas; articulación con la Agencia Distrital de Empleo, para mejorar la intermediación laboral; organización de ferias de empleo en localidades con alta concentración de migrantes, como Suba, y promoción de procesos de selección más inclusivos, reduciendo sesgos y barreras de entrada.
Además, Tent movilizará su red de empresas —incluidos unos 20 grandes empleadores con presencia en Colombia— para ampliar las oportunidades laborales en sectores clave como servicios, agroindustria, hospitalidad y alimentos.
Pero, ¿cómo accede en la práctica una persona migrante a estas oportunidades? Según Yoder, el modelo no funciona como una bolsa de empleo convencional, sino a través de una red de intermediación territorial. Tent canaliza las vacantes hacia organizaciones sociales, agencias internacionales y entidades con presencia directa en las comunidades —como la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) o ACNUR—, que son las encargadas de difundir la información y conectar a los candidatos con las empresas.
Este enfoque busca llegar de manera más efectiva a poblaciones que, en muchos casos, no están vinculadas a canales formales de búsqueda de empleo, reduciendo así las barreras de acceso y ampliando el alcance de las oportunidades laborales.
Enfoque de ‘gana-gana’
Uno de los elementos más relevantes del acuerdo es su enfoque económico. Lejos de presentar la migración como una carga, la plantea como una oportunidad para dinamizar la productividad y fortalecer el tejido empresarial.
Según Tent, hay empresas en Colombia con cientos de vacantes mensuales sin cubrir Foto:Carlos Arturo García M.
“Es un gana-gana”, resume Yoder. El empleo formal no solo beneficia a los migrantes —al brindar estabilidad e ingresos—, sino también a las empresas, que acceden a talento disponible, y al Estado, que amplía su base tributaria y de cotizantes al sistema de seguridad socia.
Este enfoque resulta especialmente pertinente en sectores con alta rotación y demanda constante de personal. Según Tent, hay empresas en Colombia con cientos de vacantes mensuales sin cubrir, lo que evidencia un desajuste estructural entre oferta y demanda laboral.
Bogotá no parte de cero. La ciudad ya ha desarrollado más de 60 iniciativas orientadas a la población migrante, lo que le ha permitido construir una base institucional sólida. Sin embargo, el desafío ahora es escalar esas acciones y hacerlas más efectivas.
La alianza con Tent introduce un componente clave y es la articulación con el sector privado a gran escala. A través de experiencias internacionales —como su trabajo con empresas en Europa y Norteamérica—, la organización aporta metodologías y aprendizajes que pueden acelerar resultados en el contexto local.
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En ese sentido, el acuerdo no tiene un plazo definido. Es una apuesta de largo aliento que busca generar cambios estructurales en la forma en que se concibe la inclusión laboral.
Carlos Fernando Galán, alcalde de Bogotá Foto:Archivo particular
Más allá de sus impactos inmediatos, esta iniciativa también tiene un componente simbólico. Posiciona a Bogotá como una ciudad que lidera políticas migratorias innovadoras, basadas en la colaboración entre lo público y lo privado.
La migración no es solo un reto humanitario, sino un activo económico y social. Integrar a esta población en el mercado laboral formal no solo mejora sus condiciones de vida, sino que fortalece la cohesión social y el desarrollo urbano.
En un contexto regional donde la movilidad humana seguirá siendo un fenómeno persistente, este tipo de alianzas podrían marcar el camino para otras ciudades, advierte el directivo.
Agrega que el reto, ahora, será traducir el potencial del acuerdo en resultados concretos: más contratos formales, menos informalidad y una economía que, en lugar de excluir, incorpore y aproveche todo su talento disponible.

