¿Cómo evitar que cultivos en Colombia esterilicen las tierras? | Economía


El acceso a los alimentos es uno de los principales problemas del mundo, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que en un informe presentado en septiembre de 2018 reveló que por tercer año consecutivo aumentó el hambre en el mundo.

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Las personas que padecen privación crónica de alimentos ha aumentado a casi 821 millones en 2017 y en Colombia 3,2 millones de personas están subalimentadas, es uno de los hallazgos del estudio.

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En teoría, la solución sería sembrar más y reducir el desperdicio de alimentos. Sin embargo, sobre la primera tarea el Programa de las Naciones Unidas para el Ambiente (PNUMA) señala que uno de los problemas de sembrar a gran escala está en que el suelo se puede hacer infértil a largo plazo, debido a la extracción de cultivos sin sustituirlos, la reducción de la materia orgánica, la aplicación de agroquímicos, entre otros factores.

En Colombia, de acuerdo con cifras de la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria, solo se cultiva un poco más de seis millones de hectáreas de las 114 millones disponibles en el territorio nacional. Mientras que la Encuesta Nacional Agropecuaria (ENA), entregada en agosto de 2017, señala que en el 2016 el área cultivada fue de 5’121.508 hectáreas, de las cuales el 32,4 por ciento se ocupó por los cultivos agroindustriales (café, cacao, tabaco, entre otros) y el 19,8 por ciento de las hectáreas plantadas corresponde a cereales (arroz y maíz).

PERO ¿QUÉ IMPACTO TIENE LOS CULTIVOS A GRAN ESCALA EN EL PAÍS?

Para Myriam Susana Barrera, directora del Instituto de Estudios Ambientales de la Universidad de Nacional, el problema de la sobreexplotación del suelo se puede dar con los monocultivos, que en su mayoría son sembrados por grandes empresas.

Hoy en día estamos hablando mucho de la importancia de la diversidad y no solamente en términos de cierto tipos de plantas, sino de los cultivos, porque nos genera un flujo de energía”, dice.

Barrera añade que, por ejemplo, con los cultivos de palma africana, que son de larga temporalidad y espacialidad, esos flujos no se dan. “El problema es que se acaban esos nutrientes que requiere el suelo y al terminarse tenemos que acudir a muchos abonos y fertilizantes”, apunta y al tiempo añade que eso está muy atado al sistema económico actual, “que busca explotar grandes cantidades de tierras rompiendo la relación del hombre con naturaleza, de entender cuáles son sus procesos”.

Recientemente, la Universidad Nacional presentó un estudio sobre el impacto del monocultivo de la palma africana en la biodiversidad y la avifauna de los bosques tropicales colombianos, el cual advierte que alrededor del 90% de las especies que pululaban en el piedemonte llanero ya no están. “Mientras en cultivos como cafetales y arrozales el número de especies es de 140 y 150, en el de palma se ha reducido a la tercera parte: 44”, anota el informe.

No obstante, sobre reducir el impacto, Melissa Lis-Gutiérrez, docente e investigador de programa de Ingeniería Agronómica de la Universidad U.D.C.A., comenta que la rotación de cultivos favorece para que toda esta dinámica no se concentre en una sola zona.

“En el caso de los cultivos que perduran en el tiempo, no se recomienda que tenga que cambiar completamente sus prácticas, se sugiere que empecen a asociarlas con otro tipo de especies de menor porte, de menor altura, que no vayan a competir por luz y que toleren condiciones de sombra”, explica.

Del mismo modo, Lis-Gutiérrez sostiene que los productores agrónomos del país se tratan de regir por recomendaciones y por un plan de fertilización que implica aplicaciones en momentos específicos del cultivo.

Hay uno que son muy juiciosos, que están trabajado para mejorar esas condiciones y hay otros que son todavía un poco reacios, pero esa es la tarea que tenemos por delante: procurar que todos los productores entiendan la importancia de no solo tener un cultivo que le esté generado ingreso, sino de rotar sus plantaciones para tener un ecosistema que nos favorezca a todos”, recalca.

Finalmente, Leila Amparo Rojas, química y secretaria ejecutiva de la Sociedad Colombiana de la Ciencia del Suelo, anota que al suelo hay saber manejarlo y conocer su estado de fertilidad para que no se agote.

“Si se quiere cultivar un suelo con cualquier cultivo, ya sea extensivo o de área pequeña, lo primero que hay que conocer es el estado en el que se encuentra. Generalmente las grandes empresas se preocupan por esto, pero el pequeño agricultor casi nunca lo hace y solo explota la tierra y a ella hay que mantenerla, para beneficio tanto del cultivo como del ecosistema”, puntualiza.



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