De las trampas emocionales


 

Fanny Bernal * fannybernalorozco@hotmail.com

 

Existen pensamientos que son maravillosos y que crean posibilidades y oportunidades, que fortalecen la confianza y la autoestima, que impulsan y motivan a hacer mejor el día a día. Esos pensamientos son motores -que al ponerse en sintonía con lo que se dice, se siente y se hace- se convierten en recursos protectores en los momentos de vicisitud o adversidad.

Lo anterior significa que hay que prestar especial atención a las sensaciones de fragilidad, desanimo, apatía, falta de control, inutilidad, incapacidad para poner límites, desmotivación, aflicción, desesperanza, miedo constante, desasosiego, sentimientos de fracaso, amargura y desolación, entre otros.

La manera como se reacciona ante las dificultades, muestra qué tanto se ha cultivado un ser humano en su mundo interno y cómo echa mano de sus recursos para no estancarse y salir adelante, cuando llegan las horas aciagas y de incertidumbre.

Se hace necesario saber cómo ayudarse o cuándo pedir apoyo, además de, saber que en instantes de duda se puede caer en trampas psicológicas de las cuales no es fácil salir.

Para Ruth A. Baer, en el libro ‘Mindfulness para la felicidad’, hay cuatro trampas que impiden aprender a vivir y a sentirse mejor:

* Rumiación. Esa manera de mantener pensamientos repetitivos ante un determinado acontecimiento o volver problema una situación cotidiana, que a partir de lo que se piensa de ella, se vuelve más grande, pesada o inmanejable.

* Evitación. Tiene que ver con esa actitud de hacer a un lado los conflictos, sin darse el tiempo para observar y reflexionar acerca de cómo surgen y qué provocan en sí mismos y en otras personas. Salir corriendo no debe ser la primera opción, más aún cuando no se sabe con certeza qué es lo que está sucediendo, además de que quizás el conflicto se podría dar a partir de suposiciones.

* Conducta inducida por las emociones. En ocasiones, la forma de enfrentar momentos de gran carga emocional, es hacerlo de manera vehemente e impetuosa, lo que puede traer consecuencias dolorosas o trágicas. Aprender a auto-regular las emociones permite que estas se desborden, ayuda a cuidar las relaciones y a hacerse responsable del autocuidado emocional.

* Autocrítica. Tiene que ver con el señalar, juzgar, desaprobar lo que se crea y se forja, actitud dañina y toxica, que nubla y oscurece todo lo que un ser humano construye. Una cosa es tener la valentía para darse cuenta de que se ha equivocado y reparar lo sucedido y otra, muy diferente, es flagelarse y menospreciarse por ello.

Reparar es un acto de respeto, responsabilidad, autoestima y compasión, acciones que se deben conjugar en tiempo presente y cuanto antes, para evitar que la autoconfianza se deteriore y haya respuestas emocionales que impidan canalizar de manera apropiada lo que se está sintiendo.

– ¿Se pueden aprender otras formas de ver los acontecimientos de la vida diaria?

– ¿Conoce usted algunas trampas emocionales?

– ¿Está viviendo en una trampa?

– ¿Ha sabido cómo salir de ellas?

– ¿Son sus pensamientos trampas o recursos?

– ¿Considera que salir de una trampa le ayuda a estar en armonía emocional?

 

Psicóloga – Docente Universidad de Manizales.



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