Educación y moralidad | El Nuevo Siglo Bogotá


“Van echando por la borda principios y normas” 

 

Que difícil, prácticamente imposible, organizar debidamente los pueblos y la sociedad en general, sin unos principios básicos que den estabilidad. Para un caminar seguro y normal es preciso construir sendero firme, lo mismo que los cimientos para un edificio sólido y estable. Pero en estos días los que se pregonan “de avanzada” y sientan cátedra en los países, van echando por la borda principios y normas fruto de la evolución de la humanidad por siglos, que tanto bien han traído a distintas generaciones. Lo hacen con la obsesión de dar absoluta libertad a los humanos, permitiendo toda clase de desbordamiento dizque para no obstaculizar el “libre desarrollo de la personalidad”.

El ejercicio de las virtudes cristianas resulta para esos adalides del libertinaje como “algo absurdo”. El cumplimiento de mandamientos cuasi universalmente aceptados, como reclamados por la Ley Natural y por mandamientos divinos para los creyentes, son presentados, por estos destructores de normas como “tradicionalismo trasnochado”, que solo merece desdén, ante un pragmatismo presentado como ideal para toda la humanidad.

Ante la anterior manera de pensar, no faltan personas aún defensoras de una humanidad encarrilada por sabios y experimentados principios, con indiscutible beneficio a muchas generaciones, que, en aras de “civilizada tolerancia”, hasta asienten a esas pretensiones, o callan por temor de ser tildadas de “anticuadas”. Esa actitud es la que nos explica el comportamiento entusiasta o pasivo ante los más grandes desbordamientos, porque lo destinan como un “manda callar” en nuestros días.

Que una profesora tomara la iniciativa de que para dar lecciones de educación sexual a sus alumnos presentará desnuda un pareja de hombre y mujer, como algo indispensable para ello, y que ese procedimiento no fuera sancionado. Que en una universidad pontificia una directriz fuera fuertemente criticada por “violar derechos de alumnos y alumnas” al exigir decoro y modestia en el vestir, es otra muestra de los criterios que se quieren imponer. Que una pareja de estudiantes, hoy de distintos sexo y mañana tal vez del mismo, tengan derecho a tener relaciones sexuales en el plantel y que la Corte Constitucional desautorizara a sus directivos para sancionarla, es otro caso más de tantos que nuestra “civilización” deja pasar sin protesta enérgica. Todo lo anterior nos va enrutando a tremenda situación que nos lleva a exclamar como en tiempos romanos: “¡qué tiempos tenemos, qué repúblicas tenemos!”. Estimo que la inmensa mayoría de los colombianos, comenzando por dirigentes religiosos, cívicos y sociales que, felizmente, hemos heredado una conciencia muy opuesta a esas actitudes; que las consideramos vergonzosas, así nos traten de tener “ideas trasnochadas”, debemos reclamar en forma contundente por esos desbordamientos que nos quieren imponer. En defensa de nuestra amada Colombia tenemos que evitar que nos hundan en el nivel de naciones que han acogido esas postrantes situaciones, que son solo regreso a las más primitivas y silvestres costumbres.

* Obispo Emérito de Garzón

Email: monlibardoramirez@hotmail.com

 

 

 



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