Ser líder juvenil por igualdad de género a los quince años – Vida


Lógico, entonces, que las mujeres y las niñas se encarguen de otras actividades en Clemencia. En general, las adultas, como Liliana Ortiz Guardo, madre de Yuliana, se dedican al hogar. Las menores de edad, como Yuliana y sus compañeras, van al colegio; también hacen los oficios de la casa, como sus madres. Las mujeres cuidan a sus hijos sin importar la edad de los pequeños.

No importa, tampoco, la edad que tengan ellas. En el Bolívar, el 10,9 por ciento de la población entre 13 y 19 años ya eran madres en el 2015, como mostraba la Encuesta Nacional de Demografía y Salud de ese año, y 4,7 por ciento ya estaba embarazadas de su primer hijo o hija; es una cifra que aumentó 0,2 con respecto al 2010.

La situación las obliga a hacer un sacrificio: dejan de lado su autonomía económica y personal. Tres de cada diez madres adolescentes en Colombia tienen entre seis y veinte años menos que los padres de sus hijos, informa la ENDS 2015. Su poder adquisitivo y su educación, en ese caso, suele ser menor al de los padres. La mujer, entonces, adquiere ‘su lugar’ de siempre: la casa.

“Ha sido muy duro porque eso parte desde la casa, desde las familias”, me dice Lina Suárez, secretaria de salud de la alcaldía de Clemencia. “Los padres están como muy reacios a esta situación”. Afirma que la alcaldía ha hecho jornadas de sensibilización con respecto al embarazo adolescente pero el problema estructural está lejos de arreglarse.

Por eso, Marcela Henao, asesora técnica de género de Plan, afirma que los niños y las niñas deben conocer las desigualdades que hay en sus entornos para enfrentarlas y construir sus propios proyectos de vida.

Mientras aprende a entender esa realidad, Yuliana Salcedo aprende también que no es lógico que alguien le diga a qué sabe y a qué no sabe jugar, ni con el fútbol ni con su cuerpo. Eso sí: se dio cuenta de que sueña con otro futuro.

Siente, también, que es afortunada por no haber vivido de primera mano algo como el embarazo adolescente o el maltrato de pareja. Según la Fiscalía municipal, las denuncias escasean porque solo hay un policía judicial en el municipio para atenderlas.

Es miércoles, 22 de marzo. Mientras vamos al Instituto Educativo Técnico San José de Clemencia, donde va a recibir una capacitación del SENA, los vecinos saludan a Yuliana. La conocen. Ella devuelve el saludo, despacio, en voz baja, aunque sus amigas la consideran extrovertida. Yuliana me dice que siente, también, que es afortunada por no haber sufrido embarazo adolescente o maltrato de pareja. Resume una fórmula para no llegar a esas circunstancias: “Si una mujer supiera desde el principio que tiene derechos y oportunidades, podría evitar tener un embarazo no deseado, depender de otra persona y no cumplir sus sueños”.

Sabe de lo que habla.

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