Colombia atraviesa uno de los cambios demográficos más profundos de su historia. La llamada economía plateada —centrada en la población mayor de 50 años— ya no es una tendencia futura, sino una realidad que redefine el mercado laboral, los sistemas de protección social y las dinámicas empresariales.
Las cifras son contundentes: para 2030, uno de cada seis colombianos tendrá más de 60 años, y para 2050 será uno de cada cinco. Este fenómeno, además, no es solo social, sino económico: en países como Colombia, esta economía podría representar hasta el 40 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB). Sin embargo, el país aún no parece preparado para asumir el reto.
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La conversación volvió a retomarse en el II Congreso Empresarial de Economía Plateada, organizado por la Caja de Compensación Familiar Colsubsidio, evento que se extenderá hasta el jueves y en el que se abordará, desde distintas ópticas, este cambio generacional y cómo esta población, que crece a pasos acelerados, no puede dejarse de lado sino que está llamada a hacer parte fundamental del progreso del país.
El inicio de esta discusión no pudo ser distinta a la una realidad innegable: Si hoy la esperanza de vida en Colombia ronda los 77 años, entonces, como se dijo al abrir el panel, “todos somos Matusalén”.
Una frase, entre provocadora y reveladora, que sirvió para poner sobre la mesa una realidad que ya dejó de ser promesa de futuro: Colombia está envejeciendo, y lo está haciendo a una velocidad que obliga a repensarlo todo.
No se trata solo de una transformación poblacional. Se trata de una sacudida cultural, económica y empresarial. Para 2030, uno de cada seis colombianos será mayor de 60 años; para 2050, será uno de cada cinco. Y, lejos de ser solo una presión sobre los sistemas de salud o pensiones, esta nueva longevidad también abre una posibilidad enorme: la economía plateada ya representa una conversación sobre productividad, consumo, patrimonio, prevención y competitividad.
En Colombia se cree que después de cierta edad bajan la capacidad de aprender y de producir. Foto:iStock
El toro por los cuernos
Pero el país todavía no la asume con la seriedad que exige.
Uno de los llamados más contundentes lo hizo Andrés Mompotes, director general de EL TIEMPO, al advertir que Colombia va tarde en esta discusión. “Si queremos nosotros garantizar que este país sea competitivo, tenemos que abordar esta conversación no hoy, sino ayer”, afirmó. Su diagnóstico apuntó a que el envejecimiento todavía no ocupa el lugar que debería en la agenda pública, política ni mediática.
Mompotes puso un ejemplo que retrata bien ese vacío. En medio de campañas electorales y debates sobre el rumbo del país, casi nadie habla de la nueva longevidad. “¿Qué tantos de esos candidatos hablaron de la nueva longevidad?”, se preguntó, subrayando que esa ausencia dice mucho sobre el rezago con el que Colombia está enfrentando este cambio.
El envejecimiento acelerado de la población obliga a rediseñar el aparato productivo colombiano. Foto:Archivo /CEET
Desde su óptica, el papel de los medios no puede limitarse a registrar el fenómeno demográfico. La tarea, dijo, es ayudar a transformar la conversación social. Por eso defendió la creación de espacios editoriales dirigidos a audiencias mayores, no como una concesión, sino como una respuesta a una realidad que crece y reclama centralidad. “Un medio de comunicación no es relevante si no le habla a las audiencias que están creciendo”, sostuvo.
Pero tal vez su reflexión más directa fue sobre el lenguaje. Porque la manera en que una sociedad nombra una realidad también define cómo la entiende. “El lenguaje transforma realidades”, dijo, antes de advertir que muchos de los términos con los que todavía se habla del envejecimiento siguen atrapados en prejuicios viejos. En Colombia, insistió, persiste la idea de que después de cierta edad disminuyen la capacidad de aprender, de innovar o de producir. Y eso, más que una descripción, funciona como una barrera.
“Es un tema de actitud, no de edad”, remató, al cuestionar la creencia de que la tecnología, el emprendimiento o la reinvención profesional son asuntos reservados para los jóvenes. De hecho, planteó una idea que rompe el molde, y es que* quienes emprenden después de los 60, dijo, pueden llegar a ser incluso más eficientes que quienes lo hacen a los 20.
Anticiparse, clave
Ese mismo hilo lo retomó Julián Santiago Ospina, gerente de Soluciones de Colsubsidio, quien aterrizó el desafío en la productividad del país. A su juicio, el envejecimiento acelerado de la población obliga a rediseñar el aparato productivo colombiano antes de que el rezago se vuelva irreversible. “La productividad del país se puede ver afectada en casi 20 años”, advirtió.
Para Ospina, el problema no empieza a los 60, sino mucho antes. Por eso insistió en que el trabajo debe comenzar desde los 50 años, preparando a las personas para seguir activas, capacitadas y conectadas con el mercado laboral. En otras palabras, no se trata de esperar a que la gente salga del sistema para reaccionar, sino de construir rutas para que pueda permanecer en él de nuevas maneras.
Su advertencia también fue cultural: “Si no cambiamos y empezamos estos años de transición a trabajar en la cultura, esa persona que ya sale de los 60 y se pone las pantuflas (…) vamos a tener un problema”. Para Colsubsidio, esa respuesta pasa por formación, salud mental, salud física, recreación y entrenamiento continuo, con la idea de que la longevidad no sea sinónimo de dependencia, sino de continuidad productiva.
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Prevención
Desde el sector asegurador, Andrés Felipe Uribe, vicepresidente de negocios de Positiva, coincidió en que el país necesita cambiar de enfoque. En su intervención insistió en que las aseguradoras no pueden seguir siendo vistas solo como entidades que pagan siniestros. “Tenemos que transformarnos a una entidad que deja de ser pagadora de siniestros”, dijo, para convertirse en un acompañante a lo largo de todo el ciclo de vida.
Eso implica, según explicó, priorizar la prevención, la educación financiera y la salud, además de revisar de fondo los modelos que hoy castigan la edad con primas más altas o con barreras de acceso. “La función social nuestra debería ser acompañar a esa persona precisamente cuando más necesita ese acompañamiento”, sostuvo.
Proteger el patrimonio
Por su parte, Felipe Márquez Robledo, presidente de Acción Fiduciaria, llevó la conversación al terreno del patrimonio y las familias. Su mirada recordó que vivir más años también obliga a pensar mejor cómo se administran los recursos para que esa longevidad sea sostenible. “La financiación de la longevidad termina siendo hecha por las propias familias”, afirmó.
Desde esa perspectiva, proteger el patrimonio no es solo una operación financiera, sino una forma de cuidar la dignidad en la vejez y de preservar el legado entre generaciones. Márquez también defendió una idea que atravesó todo el panel: la longevidad no debería asociarse con obsolescencia, sino con experiencia. “La longevidad termina siendo un sinónimo de sabiduría”, señaló.
Los panelistas coincidieron en que Colombia aún está a tiempo de prepararse, pero no puede seguir tratando el envejecimiento como un asunto marginal. La economía plateada ya no es un nicho ni una conversación secundaria: es una dimensión del futuro del país.
Y ese futuro, precisaron, dependerá de qué tan rápido se desmonten los estigmas, se ajusten las políticas públicas y se entienda que vivir más solo será una buena noticia si esos años adicionales pueden vivirse con bienestar, autonomía y oportunidades.

