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No es necesario ser un conspiranoico para recordar la saga de películas Terminator cuando se habla de inteligencia artificial. Para los que no han visto el filme, dirigido por el canadiense James Cameron, es suficiente contarles que se trata de la historia de cómo los humanos se tienen que organizar para luchar contra un imperio forjado por las máquinas que ha creado una inteligencia artificial desbordada.
En Terminator II, de 1991, cinta icónica en el imaginario cinematográfico por el robot de metal líquido que tomaba la forma de cualquier persona, el argumento gira en torno a la obsesión de Sarah Connor, la heroína de casi toda la serie, por encontrar y asesinar al científico Miles Dyson, de la compañía Skynet, que trabaja en un nuevo y revolucionario microprocesador que será la base de la inteligencia artificial que en el futuro será la tragedia de la humanidad.
Siete lustros después de esa cinta podemos decir que ya hay un Miles Dyson de carne y hueso, se llama Jensen Huang, el CEO de Nvidia, la compañía cuasi monopólica que produce los chips sobre los que están basadas casi todas las inteligencias modernas, llámense ChatGPT, Claude, Grok y un largo etcétera.
Resulta curioso pensar que, en la imaginación de Cameron, John Connor viene del “lejano” futuro de 2029 y ahora, que apenas estamos a tres años de esa fecha apocalíptica, la inteligencia artificial y los robots comienzan a dar señas de que el dantesco escenario que muestra ese filme está a la vuelta de la esquina.
Los momentos Skynet
Así como Sarah Connor trata de cambiar la línea de tiempo impidiendo el desarrollo del chip “malévolo” saboteando los laboratorios de la corporación Skynet, podemos hablar de que en los últimos 30 años la humanidad ha tenido varios episodios Skynet, donde la IA y la tecnología comienza a demostrar su superioridad en escenarios considerados exclusivos del ser humano.
Terminator, película dirigida por James Cameron Foto:Archivo de EL TIEMPO
El primer momento Skynet fue hace 30 años, en febrero de 1996, cuando la computadora Deep Blue, de IBM, se enfrentó al campeón mundial de ajedrez Garry Kasparov. Además de un ejercicio científico, ese enfrentamiento fue también un show mediático que se presentó como el del ‘Hombre contra la máquina’. Hasta ese momento se consideraba muy improbable que una máquina pudiera vencer en el ajedrez a un gran maestro, en un deporte considerado el ejercicio máximo de inteligencia y estrategia, hasta el punto de que prácticamente solo aquellos que tienen un coeficiente intelectual muy alto pueden acceder a ese olimpo de campeones. Ese primer duelo lo ganó el campeón mundial, punto para la humanidad, que venció a la máquina en 3 partidas, en dos empató, pero… en una, ganó Deep Blue.
Al año siguiente volvieron a enfrentarse, pero esta vez las condiciones fueron un poco distintas. Mientras Kasparov se veía reducido a sus límites como ser humano y mantenía la misma capacidad de procesamiento de sus neuronas que un año atrás, Deep Blue había mejorado sustancialmente sus chips. El resultado fue catastrófico. El gran maestro ruso, para muchos el mejor de la historia, perdió dos partidas, ganó una y empató tres, con lo cual la máquina venció al hombre.
Pasaron 20 años más para un segundo momento Skynet para la humanidad. En marzo de 2016, el computador AlphaGo venció al surcoreano Lee Sedol, el mejor jugador del mundo de Go en ese momento. El Go es considerado el juego de mesa más complejo del mundo, con un grado de dificultad mucho mayor que el ajedrez. Para ponerlo en perspectiva, el ajedrez se juega en un cuadro de 8 × 8 y el Go en uno de 19 × 19, esto quiere decir que las combinaciones posibles de este juego son más grandes que los átomos del universo observable. Se consideraba imposible que una máquina tuviera esa capacidad de procesamiento.
Fue otro golpe publicitario para la industria de la tecnología, en este caso para Google. La compañía estadounidense desarrolló el computador AlphaGo con la tecnología de las redes neuronales profundas y el aprendizaje por refuerzo, que es la misma que soporta las inteligencias de hoy. La diferencia con la máquina que venció a Kasparov es que Deep Blue calculaba entre millones de posibilidades y seleccionaba la mejor, mientras que Alpha Go calculaba y, sobre todo, aprendía.
El torneo entre AlphaGo y Sedol se pactó a cinco juegos. La máquina ganó las tres primeras de forma consecutiva. Lee Sedol logró una victoria, considerada heroica, en la cuarta partida, pero la máquina se impuso nuevamente en el quinto juego. El marcador final fue una verdadera muenda: 4-1 a favor de la máquina.
El tercer momento Skynet se puede cifrar en este 2026, con las noticias que llegan sobre los nuevos desarrollos de la inteligencia artificial y los robots que la utilizan. Como sucedió con el ajedrez y con el Go, los deportes se están convirtiendo en un escenario propicio para demostrar la superioridad de la máquina sobre el hombre.
Hace menos de un mes Sony AI presentó un brazo robótico que venció a una jugadora profesional de ping-pong, en un evento que está documentado en video y fue publicado en la prestigiosa revista Nature.
Los que han visto partidas de ping-pong pueden dar fe del espectáculo de coordinación y agilidad que representa este deporte donde es tremendamente difícil seguirle la pista a la pelota por la velocidad con la que la mueven los jugadores. En términos de computación significa procesar en milésimas de segundo una cantidad enorme de información para mover el brazo mecánico que sostiene la raqueta justo al sitio donde va a ir la bola y responder con la fuerza necesaria para que caiga en la mesa y descoloque al rival.
Otro deporte en el que las máquinas comienzan a vencer al hombre es el atletismo. En este caso hay que decir que la competencia era a todas luces injusta para el ser humano, pues en la maratón las máquinas no tienen que sufrir contra el ácido láctico ni la deshidratación y la falta de electrolitos. La competencia ocurrió en abril de 2025 en China, donde un grupo de 21 androides, robots con formas humanas, corrieron contra 9.000 atletas.
En esta oportunidad el resultado no fue apocalíptico y da esperanzas a la humanidad. El robot Tiangong Ultra fue el mejor de los robots, todos bípedos. Esta máquina mide 1,80 metros y pesa 55 kilos, casi lo mismo que un maratonista de élite. La distancia recorrida fue de 21 kilómetros, y paró los cronómetros en 2 horas, 40 minutos y 42 segundos, casi tres veces más lento que el tiempo de Jacob Kiplimo, el hombre que tiene el récord para esta prueba con un tiempo de 57:20. Lo novedoso en este caso es que la máquina logró vencer a varios seres humanos, los coleros de la prueba.
Este cronista no se resiste a destacar la siguiente coincidencia: los años en los que el hombre fue vencido por la máquina, 1996, 2016 y 2026, terminan en 6; 666, el número del anticristo. Un detalle que seguramente obedece al azar de la historia, pero que no dejarán pasar por alto los conspiranoicos, terraplanistas y todas esas aves raras que proliferan en las redes sociales y que como John Connor, el héroe venido del futuro de las películas de Terminator, se la pasan predicando el fin del mundo.
Del mito a Mythos
Pero este artículo deja de ser un divertimento a partir de lo que podríamos llamar el momento Skynet 4, que ocurrió a finales de abril de este 2026, cuando la firma Anthropic, los desarrolladores de la inteligencia artificial Claude, anunciaron haber desarrollado una inteligencia artificial denominada Mythos que según ellos es capaz de encontrar fallos ocultos en el software de bancos, redes eléctricas y gobiernos del mundo. En lo que algunos interpretan como un golpe publicitario y otros como un ejercicio de sensatez, la compañía anunció que por el momento no lo iban a lanzar al mercado, dados su potencial y las consecuencias catastróficas que podrían tener si cae en las manos equivocadas. A cambio, les facilitaron su acceso a 11 organizaciones, todas estadounidenses y una del Reino Unido, eso hay que decirlo, para revisarlo y encontrar una manera efectiva de controlar su enorme poder y evitar los posibles daños colaterales.
Sobre Mythos es importante traer a colación lo que dice el británico Mustafa Suleyman, CEO de Microsoft AI y uno de los expertos más importantes en la IA, en su libro La ola que viene: “Por primera vez, los componentes centrales de nuestro ecosistema tecnológico abordan de forma directa dos propiedades fundamentales de nuestro mundo: la inteligencia y la vida”.
En esa frase se resume el impacto que tiene esta tecnología porque ya no solo ponen en riesgo la estabilidad política y económica del mundo, sino la vida misma. Hace apenas una semana, The New York Times traía una crónica que cuenta la historia del microbiólogo David Relman, experto en bioseguridad de la Universidad de Stanford, quien fue contratado por una compañía tecnológica para hacer pruebas de estrés a un producto de IA, esto quiere decir identificar posibles problemas de alucinaciones, sesgos, etc. Lo que dejó horrorizado al científico fue que el chatbot le hizo una descripción sobre cómo “ensamblar” patógenos mortales y liberarlos en el espacio para cometer una masacre. Terrorismo biológico al alcance de un clic. La situación llegó a tal grado de perversión y frialdad que: “el chat esbozó un plan para maximizar las bajas y minimizar las posibilidades de ser descubierto”.
Con estos desarrollos de la IA, se puede decir que tiene el acelerador a fondo, los escenarios negativos y positivos aparecen por todos lados, y mientras tanto el tictac del reloj nos acerca al 2029, año del que vino John Connor en Terminator.

