Colombia ya puso en práctica, lo que algunos países apenas empiezan a discutir, cómo incluir en el sistema pensional a millones de trabajadores que nunca cotizarán bajo esquemas tradicionales. El programa de Beneficios Económicos Periódicos (BEPS) —basado en microahorros flexibles y subsidios estatales— se ha convertido en un referente regional de lo que pueden ser las micropensiones en la economía digital.
El esquema es permitir aportes pequeños, voluntarios y adaptados a ingresos inestables. En un país donde buena parte de la población trabaja en la informalidad o en plataformas digitales, este tipo de mecanismos apunta directo a cerrar la brecha previsional. No es casual que el estudio de la Federación Internacional de Administradoras de Fondos de Pensiones (FIAP) destaque que “las micropensiones […] emergen como una solución para formalizarlos y protegerlos”
LEA TAMBIÉN

Sin embargo, el modelo no está exento de tensiones, advierte el informe. Si bien amplía la cobertura, también enfrenta límites claros, como bajos niveles de ahorro, dificultades para sostener aportes en el tiempo y una persistente desconfianza en el sistema. Es decir, el mismo instrumento que promete inclusión también refleja las fragilidades estructurales del mercado laboral.
Modelo a la medida
Según los expertos, las micropensiones responden a un problema concreto y es que los sistemas tradicionales fueron diseñados para trabajadores formales con ingresos estables, una realidad cada vez menos representativa.
El esquema incorpora elementos clave como liquidez, flexibilidad y una amplia red de recaudo. Foto:Fiap
El informe las define como esquemas que permiten “aportes voluntarios, flexibles y de pequeño monto” , lo que rompe con la rigidez de las cotizaciones obligatorias. En Colombia, BEPS permite contribuciones desde montos mínimos y ofrece un subsidio estatal del 20 por ciento, lo que incentiva la participación de trabajadores de bajos ingresos.
Además, el esquema incorpora elementos fundamentales como liquidez, flexibilidad y una amplia red de recaudo. Esto facilita que personas fuera del sistema financiero formal puedan participar, ampliando la cobertura en zonas rurales y urbanas.
El principal aporte de las micropensiones es la inclusión. Permiten que trabajadores que antes no tenían ninguna protección accedan, al menos, a un ingreso en la vejez.
También introducen eficiencia a través de la tecnología. Experiencias internacionales muestran que herramientas digitales reducen costos y facilitan el ahorro. El estudio destaca que estas soluciones “han reducido costos y barreras para trabajadores no bancarizados” .
Pero el verdadero valor del modelo es su capacidad de adaptación. En contextos de alta informalidad, la flexibilidad no es una ventaja, sino una condición necesaria, precisa el informe de la Fiap.
Muchos trabajadores informales no creen que recibirán beneficios reales, lo que limita su concurso. Foto:Foto: Archivo particular / El Tiempo
Las barreras
Aun así, el desafío es profundo. La principal barrera es conductual, toda vez que ahorrar para la vejez compite con necesidades inmediatas. Como señala el informe, “los trabajadores tienden a subestimar la importancia del ahorro previsional”.
La desconfianza institucional también pesa. Muchos trabajadores informales no creen que recibirán beneficios reales, lo que limita su disposición a participar.
LEA TAMBIÉN

A esto se suman problemas estructurales, como ingresos bajos, intermitentes y, en muchos casos, insuficientes para generar un ahorro significativo. En ese sentido, las micropensiones no resuelven el problema de fondo, pero sí lo mitigan.
El caso colombiano cobra relevancia en un momento en que América Latina enfrenta una encrucijada pensional. El envejecimiento poblacional y la alta informalidad están poniendo presión tanto sobre sistemas de reparto como de capitalización.
En ese escenario, las micropensiones aparecen como un complemento necesario. No sustituyen los sistemas tradicionales, pero permiten incorporar a quienes históricamente han quedado excluidos.
Además, la reciente regulación de trabajadores de plataformas en Colombia —con esquemas mixtos de cotización— muestra que el país está avanzando hacia modelos híbridos. BEPS sigue jugando un rol clave como mecanismo para quienes no alcanzan los umbrales de formalidad.
BEPS sigue jugando un rol clave como mecanismo para quienes no alcanzan los umbrales de formalidad. Foto:iStock
Solución en construcción
El propio estudio advierte que el éxito de estos esquemas depende de múltiples factores: “flexibilidad, tecnología, incentivos adecuados y educación financiera”.
Ese es el verdadero desafío, dicen los expertos. No basta con diseñar productos flexibles; es necesario construir confianza, mejorar la información y adaptar la regulación a nuevas formas de trabajo.
Colombia ha dado un paso importante al implementar BEPS, pero el camino aún está en construcción. Lo que está en juego no es solo la ampliación de cobertura, sino la sostenibilidad de los sistemas pensionales en una región donde el trabajo formal ya no es la norma.
En ese sentido, las micropensiones no son una solución definitiva, pero sí una señal clara de hacia dónde se dirige el debate previsional: sistemas más flexibles, inclusivos y adaptados a una realidad laboral que cambió para siempre, concluye el estudio de la Fiap.
LEA TAMBIÉN

Avances en América Latina y el mundo
Colombia (BEPS) referente regional:
Es uno de los casos más avanzados en la región. Permite a trabajadores con ingresos inferiores al salario mínimo ahorrar de forma voluntaria y flexible, con un incentivo estatal del 20 por ciento sobre lo aportado. Su diseño —sin montos obligatorios y con amplia red de recaudo— ha facilitado la inclusión de millones de personas fuera del sistema tradicional, posicionándolo como un modelo replicable en contextos de alta informalidad.
México – Ahorro voluntario y fintech:
Allí se ha desarrollado un ecosistema de “microcotizaciones” dentro de su sistema de Afores. A través de aplicaciones móviles, tiendas físicas y plataformas fintech, los trabajadores pueden ahorrar pequeños montos de manera voluntaria. El modelo destaca por su integración tecnológica, aunque enfrenta una baja adopción debido a ingresos variables y limitada educación financiera.
Chile – Formalización vía retenciones:
Chile ha avanzado por una vía distinta: obligando gradualmente a los trabajadores independientes —incluidos los de plataformas— a cotizar mediante retenciones automáticas. Aunque no es un sistema de micropensiones puro, introduce un mecanismo progresivo de formalización que complementa los esquemas tradicionales.
India – Atal Pension Yojana (APY):
Considerado uno de los programas más exitosos de micropensiones a nivel global, el APY ha logrado afiliar a más de 76 millones de personas, principalmente trabajadores informales. Su éxito radica en tres elementos clave: aportes muy bajos y adaptados a la edad e ingresos; pensión mínima garantizada por el Estado, y amplia red de acceso, incluyendo microagentes comunitarios. Este modelo ha demostrado que, incluso en contextos de alta informalidad, es posible masificar el ahorro previsional si se combinan incentivos, simplicidad y cercanía con el usuario, reseña el informe de la Fiap.
LEA TAMBIÉN


