La guerra en Oriente Medio y sus efectos comienzan a sentirse cada vez con mayor fuerza en la economía global y, de forma más directa en el bolsillo de los colombianos a medida que se prolonga el conflicto y no se vislumbra una solución definitiva de este en el inmediato futuro.
Por eso, el Banco Mundial lanzó la semana anterior una advertencia, en el sentido de que dicho conflicto está provocando una nueva ola inflacionaria impulsada por el encarecimiento de la energía. Según su más reciente informe, los precios energéticos subirán alrededor de 24 por ciento este año, en un contexto de fuertes interrupciones en el suministro de petróleo.
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“La guerra está afectando a la economía mundial en oleadas acumulativas: primero con el aumento de los precios de la energía, luego con el de los alimentos y finalmente con una mayor inflación”, señaló Indermit Gill, economista jefe del organismo.
Los ataques a infraestructura y las interrupciones en rutas clave como el estrecho de Ormuz —por donde pasa cerca del 35 por ciento del petróleo mundial— han provocado una de las mayores crisis recientes de suministro, con una caída inicial de hasta 10 millones de barriles diarios, advierte la entidad.
El resultado, los precios del crudo han llegado a ubicarse más de 50 por ciento por encima de los niveles de comienzos de año, y en escenarios de mayor escalamiento podrían llevar el barril de Brent —principal referencia para Colombia— hasta los 115 dólares promedio en 2026.
Pero el choque no se limita al petróleo. El Banco Mundial señala que esa situación está teniendo efectos en cadena sobre otros mercados, pues un aumento del 10 por ciento en el precio del crudo puede traducirse en alzas de hasta 7 por ciento en el gas natural y de más del 5 por ciento en fertilizantes y biocombustibles, presionando los costos de producción a nivel global.
Remolcador Basim, con bandera iraní, navega cerca de un buque anclado en el estrecho de Ormuz. Foto:AMIRHOSSEIN KHORGOOEI / ISNA / AFP
Así las cosas, la inflación en economías en desarrollo podría escalar hasta 5,8 por ciento, reflejando cómo el encarecimiento de la energía termina trasladándose a alimentos, transporte y bienes básicos.
Ese remezón global ya empezó a sentirse en el país, y uno de sus canales más visibles está, precisamente, en los combustibles, que, en el caso de la gasolina, ya completa dos alzas consecutivas de 400 pesos este año, mientras el costo del galón del diésel 200 pesos.
Pero más allá de esos movimientos recientes, lo que se empieza a perfilar es un escenario más complejo, toda vez que, según expertos, los precios de la gasolina y el diésel aún no han terminado de subir.
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¿Qué tanto más?
Las cifras recientes ayudan a entender por qué hay espacio para nuevos incrementos. Desde el 27 de febrero, un día antes del comienzo del conflicto, el precio de referencia internacional de la gasolina (galón en el Golfo de México) hasta este 5 de mayo ha subido 87,3 por ciento. En el mismo periodo, el dólar tiene una ligera variación a la baja de 1 por ciento, lo que deja un aumento en pesos de 85,4 por ciento.
Por su parte, el barril de Brent, se mantiene en niveles elevados, en torno a los 111 dólares, aunque por debajo del máximo de 126 dólares alcanzado la semana pasada.
Ese contexto global es el que está presionando los precios internos y obligando al Gobierno a retomar los ajustes, en medio de un margen cada vez más estrecho para contenerlos.
Gobierno subió el precio del galón del diésel. Desde este 1.° de mayo rige el incremento de $ 200. Foto:
El problema es estructural porque Colombia importa cerca del 50 por ciento de la gasolina que consume y, además, mantiene un sistema de subsidios que ha servido para amortiguar los precios internos, pero que hoy presiona las finanzas públicas.
“Eso dijo el Ministro de Hacienda Germán Ávila, al anunciar el aumento de 400 pesos en el precio de la gasolina a partir del 1.° de mayo, quedando el galón en 15.849 pesos. Coincido con él en que ‘es lo conveniente para evitar desequilibrios fiscales’”, afirmó Amylkar Acosta, exministro de Minas y Energía.
Y añadió que, “debido al conflicto en el golfo pérsico, el precio del barril de crudo superó la barrera de los 120 dólares, arrastrando consigo el precio de los combustibles”.
A pesar de los incrementos recientes, el país sigue subsidiando el combustible. Según Acosta, el subsidio a la gasolina ronda los 2.000 pesos por galón, mientras que en el caso del diésel supera los 8.000 pesos.
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De ahí que el desbalance fiscal siga siendo una preocupación central. “Al paso que vamos, el déficit del FEPC (Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles) al cierre de este año no será inferior a los 14 billones de pesos”, advirtió.
Guerra sin solución
Un análisis de Anif refuerza ese diagnóstico. El centro de estudios económicos advierte que, de mantenerse las condiciones actuales, el déficit del FEPC podría sumar otros 10,7 billones de pesos en 2026, acumulando cerca de 136 billones desde su creación.
“El cierre de la brecha entre los precios locales e internacionales difícilmente ocurrirá sin medidas claras del Gobierno”, señala el informe.
En ese contexto, la expectativa de nuevos incrementos es prácticamente inevitable.
Tensión en Oriente Medio presiona el precio del petróleo, y esto se traslada al de los combustibles. Foto:AFP
“En la medida que la crisis provocada por la guerra en el Golfo pérsico se prolonga, es impensable que en lo que resta de este año cambie la senda alcista de los precios de los combustibles. No se avizoran razones para que se revierta dicha tendencia”, insistió Acosta.
Desde el sector también hay preocupación. David Jiménez Mejía, vocero gremial nacional de Somos Uno, gremio que representa a más de 6.400 estaciones de servicio, concuerda que el contexto internacional sigue siendo determinante.
“La tensión en Oriente Medio mantiene presionado el precio del petróleo, y esa presión se traslada inevitablemente a los precios internos de los combustibles”, señaló.
El dirigente agregó que cualquier estimación sobre nuevos aumentos dependerá de la evolución del conflicto y de las decisiones que adopte el Gobierno frente al FEPC.
Golpe directo al bolsillo
Pero no solo es lo fiscal, el impacto más visible para los hogares está en la inflación. El aumento en los combustibles no se queda en las estaciones de servicio. Se traslada al transporte, a los alimentos y a buena parte de los bienes y servicios de la economía.
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En Colombia, ese fenómeno ya empieza a reflejarse en las proyecciones. El escenario macroeconómico prevé que los choques derivados del aumento de los precios de la energía seguirán presionando la inflación en los próximos meses, elevando la proyección para 2026 a 7 por ciento, según estimaciones de los economistas de Banco Itaú.
Eso implica que la reducción de la inflación será más lenta de lo esperado, por lo que el país enfrenta el dilema de seguir ajustando los precios para reducir el déficit fiscal o contenerlos para aliviar el bolsillo de los hogares.
Alza en combustibles no se queda en las estaciones, se traslada al transporte y a los alimentos. Foto:Jaiver Nieto Álvarez / ETCE
Las propuestas van desde incrementos graduales hasta esquemas automáticos de ajuste que reflejen las condiciones internacionales, pero todas coinciden en un punto: el proceso aún no termina.
Así, el escenario más probable es de precios altos durante más tiempo. Y eso, inevitablemente, se traducirá en más presión sobre los combustibles en Colombia.

