Senador David Luna: «Haré oposición, pero no daño» en el gobierno Petro. – Congreso – Política


Regresa al senado el exministro David Luna, haciendo anticipos de la que será la posición de su partido, Cambio Radical, en el gobierno Petro. Anuncia que le propondrá a su partido “hacer oposición, pero no daño”. Y no entrar al Gobierno, porque la idea es estar vigilantes y poder decir no.

Usted no es un primíparo en el Congreso. ¿Qué ha encontrado que lo haya impactado como verdadero cambio político, frente a lo que conocía?

El panorama político cambió totalmente. Hoy nos estamos dejando llevar más por las emociones que por la razón. El gobierno Petro tiene apuestas importantes, pero también ha hablado de medidas que a largo plazo pueden llevar a Colombia a una debacle. Por primera vez, en cincuenta años, el Congreso tiene el freno de mano.Lea también: ¿Descarta que a Gustavo Petro le salgan marchar? Responde Gustavo Bolívar

Pero ¿cuál freno de mano, si es que el 90 por ciento del Congreso está con Petro?

Mi consigna será: hay que hacer oposición, no daño. Hay que ejercer la palanca de control. Y lo que preocupa es que la bancada de gobierno no quiere permitir que exista esa voz crítica. En Colombia, históricamente hemos entendido la oposición como llevar la contraria, bloqueando la agenda, programas y proyectos. Yo no haré eso.

Como yo la entiendo, oposición es el sagrado derecho a decir no, razonadamente…

Totalmente de acuerdo. No con base en mentiras para mover a la ciudadanía como títeres, o con discursos de odio para dividirla. Sino para votar no, pero también para acompañar los proyectos que uno crea importantes para el ejercicio del país. Lo que le hace falta a la política es sensatez, no posiciones férreas, irracionales y ciegas. Y a eso nos quiere llevar, en estos momentos, la bancada de gobierno, al pensar que si no estamos de acuerdo con ellos somos unos palos en la rueda para atravesarse en el ejercicio.
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Los partidos distintos del Pacto Histórico tienen tres caminos: hacer oposición, declararse de gobierno u optar por la independencia. ¿Ustedes, en Cambio Radical, ya resolvieron? Es una de las incógnitas políticas del momento…

No. Tenemos, según el estatuto de la oposición, hasta el 7 de septiembre para decidirlo. Varios pensamos que es el momento de hacer contrapeso. Será una decisión colectiva, y yo soy respetuoso de ella. Pero creo que por su ideología y trayectoria, Cambio Radical debe poder decir no cuando considere que un proyecto es dañino para la sociedad, o decir ‘sí’ si lo beneficia.

¿Eso de que hasta septiembre tienen el plazo para definir qué van a hacer no indica que está pensado para cuadrar las adhesiones? Y así, los que a esa fecha no estén contentos con la tajada que finalmente les ofrezca el gobierno podrán cambiar su posición inicial e irse para la oposición. Yo lo llamaría el ‘plazo del chantaje’…

Pues yo desde ya tomé la decisión de hacer oposición, y es lo que he defendido dentro de la bancada. Pero ahí también hay quienes creen que debe haber independencia. No he oído voces que digan que CR debe ser un partido de gobierno. Veremos cómo se presentará la reforma tributaria, la agraria, la reforma de la institucionalidad de la Policía, que me preocupa muchísimo. Y sobre eso tomaremos determinaciones. Se piensa que la política es llevar a la picota pública y digital al que piense distinto. No. La política hay que hacerse con fondo y con argumentos.

¿Eso de hacer oposición pero no daño es una posición individual suya, o la ha consultado con el jefe del partido, Germán Vargas?

Es una posición mía, que he llevado a discusión en la bancada. Creo que hay que acabar con la cultura de la polarización y del odio. Habrá temas que compartamos, como la implementación del acuerdo de paz, como la posible negociación con grupos al margen de la ley, pero hay otros en los cuales los principios del partido nos obligan a tener una voz crítica. Hasta el momento no he oído al doctor Vargas opinar sobre el tema.
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Ya hubo un primer acto de independencia suya al votar ‘no’ al tratado de Escazú…

Los once senadores de Cambio votamos ‘no’. Primero, porque, increíble, siendo un tratado de origen ambiental, no tiene consulta previa, como lo ordena el tratado de la OIT. Y dos, en el artículo noveno no se protegen los líderes sociales y ambientales de manera efectiva, como se lo vendieron a la población.

¿Decirle no al tratado de Escazú es un voto contra el medioambiente, como se ha querido hacer creer?

No. Es un voto que exige debate de los procesos y proyectos. Lo que quisieron hacer con un Congreso con apenas ocho días de posesionado era estudiar si la aplanadora gubernamental funcionaba, para ver a quién le darán participación gubernamental o no. Nosotros no vamos a estar en ese juego. Ellos fueron oposición durante muchos años y se les respetó. Ahora, que respeten a quien piensa distinto.

¿A usted, por ejemplo, no le da miedo que se instale en este gobierno el sistema de llevarlo al potro de las redes sociales por pensar distinto si no vota como quieren las mayorías del gobierno?

Temo que esa va a ser la tónica. Quien no está de acuerdo conmigo es mi enemigo. Tratan con indignación y odio a quienes piensan distinto. Pero ellos han generado altísimas expectativas, que, seguramente, en algún momento no van a poder cumplir.

¿Cuál va a ser la posición de CR frente al tema de la reforma tributaria, que muy difícilmente alcanzará las ambiciosas metas que se propone?

Esta es la hora en que no han mandado señales claras a los mercados. Y nos guste o no, Colombia es un país que depende en gran medida de los mercados internacionales. Incluso entre lo dicho por los funcionarios designados, ya varias posiciones se han reversado o suavizado. En materia tributaria preocupa que se piense en castigar a la clase baja y media, que son quienes producen, y que se piense que las empresas son una gallina de los huevos de oro.

No veo en el planteamiento inicial de este gobierno ningún otro rumbo distinto al de sacarle plata al contribuyente. Ellos dicen que no van a tocar los alimentos, pero, desde luego, cuando usted grava la gasolina, como toca, desgraciadamente, porque el tema de los subsidios se desbordó, pues está gravando la canasta familiar, ¿o no? Y en cambio, por ningún lado se promete un Estado austero…

Ahí es cuando vale la pena hacer oposición crítica. Señalando cosas como que para solucionar el problema alimentario en Colombia, más que la tierra, lo que se necesita es combatir el desperdicio de alimentos, que es de diez millones de toneladas al año. Por altísimos precios de intermediación y transporte, que perfectamente podrían ser resueltos con tecnología. Pero acá lo único que pensamos es que hay que seguir aumentando la carga, no solamente a la producción, sino adicionalmente a los insumos. Una reforma tributaria no puede ser alcabalera per se, porque acaba con el aparato productivo. Por eso seremos críticos en una reforma tributaria que no puede golpear a los generadores de empleo y a las clases menos favorecidas.Le puede interesar: ‘Y el uribismo, ¿chao?’: Francisco Santos responde a María Isabel Rueda

Nada de eso es claro todavía. Cada ministro que llega hace su anuncio y por lo general trae su propio impuesto del ramo bajo el brazo…

Hemos vivido el inicio de un gobierno lleno de anuncios, y de ‘reculadas’ que están causando pánico económico. Entonces, un día dicen que sí a un impuesto, al otro dicen que no. Recomiendo que trabajen en la propuesta y que la presenten, y que discutamos sobre ella. Haré oposición, pero no voy a bloquear el país. El trabajo desde la oposición es construir sobre lo construido, y generar espacios de diálogo con quienes piensan distinto.

¿Está tranquilo con la presidencia de Roy?

Siempre y cuando dé las garantías, sí. Creo que comenzó con el pie izquierdo, no permitiendo que quienes pensamos distinto tengamos libertad para expresar y opinar. Espero que a Roy y a Petro les vaya bien, porque si a ellos les va bien, le va bien al país. Pero entendiendo que hay unas posiciones distintas en este proceso, y por eso es válido expresar preocupaciones.

¿Como cuál, distinta de la reforma tributaria?

Es un tema muy delicado, pero tengo gran preocupación por la libertad de prensa. El hoy presidente electo tiene como característica discursiva estigmatizar a los medios de comunicación. De hecho, la FLIP tuvo que pedirle parar los ataques. A la hora de las elecciones se presentaron cuestionamientos a diferentes periodistas, que han sido sujetos de estigmatización y lapidación por hacer preguntas incómodas. ¡Qué tal que el periodismo no pudiera preguntar u opinar lo que quiere! Incluso llegaron a pedir por las redes sociales que cambiaran a los editores. ¡Perdón! Los medios tienen autonomía, independencia y se deben respetar.

Qué buen punto. Y no lo puedo dejar ir sin pedirle su opinión sobre la paz total. ¿Sí le ve pies y cabeza?

Soy un defensor de terminar los conflictos por la vía del diálogo. Un defensor del acuerdo de paz, y lamentablemente su no implementación hizo daño al país.

Soy un defensor de terminar los conflictos por la vía del diálogo. Un defensor del acuerdo de paz, y lamentablemente su no implementación hizo daño al país. Se debe retomar. Pero antes de hablar de paz total, hay que hablar de qué va a pasar con el narcotráfico. Todos estos grupos al margen de la ley, o en su gran mayoría, existen porque el narcotráfico es su fuente de financiación. Y esa conversación hay que darla con los Estados Unidos, de frente, aprovechando que el presidente Biden abrió los espacios; tocando también temas tan importantes y valiosos como el de la extradición. Y tercero, una cosa es la negociación con el Eln y otra con otros grupos al margen de la ley. El ‘clan del Golfo’ son unos mafiosos y narcotraficantes profesionales que están actuando con el ‘plan pistola’ en contra de nuestros policías –a quienes debemos proteger y con quienes nos debemos solidarizar– simplemente para hacer parte de un proceso de paz. Ellos saben que hoy como narcotraficantes no tienen las condiciones para sentarse a negociar. Entonces quieren transitar hacia el perfil de un grupo terrorista y así cumplir con los requisitos para negociar.

El hecho es que tanto los grupos hoy considerados todavía políticos como los puramente narcotraficantes hacen las mismas cosas. Trafican, matan, reclutan, asesinan policías, organizan paros armados. De manera que el discursito de que unos quieren es enriquecerse y otros quieren es cambiar el Estado se agotó. ¿Está de acuerdo con el canciller entrante, Álvaro Leyva, en cambiar la premisa utilizada en el Acuerdo de La Habana de que “nada está acordado hasta que todo esté acordado”?

No. Esa premisa es fundamental para arrancar una negociación y llevarla a término. Qué tal entonces producir un proceso con un grupo y después con otro, y cada uno exigiendo más. El ‘clan del Golfo’, con el asesinato de más de treinta policías, cree que va a presionar al Estado para poder generar negociación. El Estado no puede permitir, bajo ninguna circunstancia, ese tipo de presiones. Si quieren comenzar diálogos, pues que los comiencen, pero que tengan reglas mínimas para poder sentarse a la mesa.

¿Y usted cree que esas reglas mínimas hoy no existen?

No. El diálogo es fundamental, pero no debilitando a la Fuerza Pública bajo ninguna circunstancia ni poniendo en tela de juicio, por ejemplo, su institucionalidad. La Policía es un valor moral y estratégico de nuestro país, que merece ser rodeada y no, por el contrario, estar en incertidumbre como carne de cañón político o electoral.

¿Al respecto, le merecen alguna consideración los trinos que ha echado en el pasado el nuevo ministro Iván Velásquez contra la Policía y el Ejército?

Yo respeto el fuero presidencial sobre todos los nombramientos ministeriales. Pero espero que, nombrados, no cambien de discurso frente a lo que verdaderamente han venido pensando. Uno no puede bajo ninguna circunstancia generalizar porque haya en las instituciones personas corruptas o malintencionadas. Soy un defensor de las instituciones y así lo demostraré en este proceso. Bienvenidas las caras nuevas. Bienvenido el pensamiento fresco. Bienvenida la divergencia. Bienvenido el cambio político, pero bienvenido también…

¿El respeto?

El respeto, la mesura, y entender que para construir también se necesitan voces diversas que permitan opinar distinto. Esto no se trata de estrangular, digital o físicamente, a cada uno que piensa distinto.

Mirando los once millones y medio de huérfanos que dejaron en Colombia estas elecciones, ¿usted se apuntaría para recogerlos y aglutinarlos?

Hay muchas voces y líderes de oposición muy valiosos. Creo que hay que cambiar de tercio. Oposición no es llevar la contraria. No es atravesarse a todo per se. Es lograr que haya coherencia y poder levantar la mano en algunos casos para decir que no. Las voces críticas siempre serán importantes en esos procesos.

Pero si la oposición garantiza la libertad de decir no, ¿no sería absurdo ver a un partido de oposición colaborando con puestos en el gobierno Petro?

Cuando uno pierde las elecciones, no gobierna. Representa a los votantes derrotados. Uno tiene que poder tener la tranquilidad de decir no a lo que cree que no está bien, y decir sí a lo que cree que es importante, sin ningún tipo de participación en el gobierno para poder tener tranquilidad e independencia.

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO


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