Columna de José Clopatofsky: ‘No salga’ o ‘¿cuál trancón?’ – Bogotá


Usualmente, los periodistas que hemos tenido escuela y práctica de trabajo en el día a día llegamos al escritorio del periódico sin saber mucho lo que habrá de suceder en la jornada y, por ende, lo que se escribirá. Cuando el papel rueda en la imprenta, lo más satisfactorio es que los textos se hayan desviado de la rutina predictiva y estén cargados de noticias pesadas e incidentes, escritas sobre la marcha, pero bien armadas.

(Lea también: ¿Es probable que un carro explote tras un accidente? Esto dice José Clopatofsky).

Esto también está escrito sobre la marcha, pero muy lenta, cuando gasté más de dos horas para salir de Bogotá por el callejón del norte.

Paso a paso, velocidad a la cual se perdonan los huecos y resaltos, que abundan, pero se aprecia el caótico sufrimiento de las suspensiones de los buses rojos cuando pasan los obstáculos absurdos de las famosas losas con las cuales el alcalde Peñalosa nos dejó la vía en cuidados intensivos antes de nacer, es inevitable que la furia y la frustración crezcan, y más recordando que en la noche previa un comercial de televisión anunciaba que viene la ampliación de esta vía y que será la gran solución para la ‘capital de los embudos’.

Lo que desalienta es que ese proyecto, firmado en marzo pasado, “estaría” listo en el 2029, si bien nos va, si no se atraviesan los otrosíes, los otros noes, los nuevos alcaldes, las protestas ecológicas, la protección de la fauna (también víctima de la polución del trancón) o el incumplimiento y a veces la incompetencia de los beneficiados por los contratos que les darán la administración de la vía durante otros ¡29 años! Es decir, hasta el 2058. Qué peligro.

(Además: ¿Piensa comprar un carro? Conozca uno a uno los gastos nuevos para sus cuentas).

Las ricas arcas de la ciudad, hinchadas por los impuestos de los automovilistas,
podrían atender estas obras inmediatas, así sea con otro préstamo

Mientras tanto, ¿qué? Pues nada. La ciudad está condenada a que la movilidad sea una utopía, porque ni en esta ni en otras administraciones, que han pasado olímpicamente por encima de estas urgencias, hay soluciones inmediatas ni interés por averiguarlas. El megaviaducto sobre el humedal del norte es aún una abonada fantasía y el problema, una cruda realidad desatendida.

A paso de trancón, que es la velocidad máxima de la ciudad en cuyo control se habrían podido ahorrar miles de millones de pesos que gastaron en cámaras pro comparendos, uno ve que es perfectamente viable hacer un carril adicional en gran parte de la vía, en ambos sentidos, sin tener que esperar una década más de creciente e inevitable afluencia de vehículos que acabarán por bloquearla. Y en pocos meses.

Hoy, en ese barrial, que es una potencial ayuda, abundan puestos de flores, de carnes, de recarga de extintores sin ninguna garantía, montallantas, casetas de implementos para el golf, cometas de todos los tamaños, trapos rojos convocando a la degustación de carne al polvo y al hollín y las “bodegas” de acopio del mercado de comidas y bebidas que se dispensan en la vía.

El carril adicional es perfectamente viable. Lo prueban groseramente las flotas que lo usan para espantar a los brincos, como en una becerrada, a quienes pacientemente hacen la fila para recorrer unos doce vergonzosos kilómetros, a una rata optimista de 20 metros por minuto, cuidando de no enredar las motos o pisar el expendio ambulante de las frutas de cosecha y hasta esquivando ciclistas que se toman selfis o chatean con el manubrio suelto en la mitad de la selva automotriz. Visto con mis propios ojos.

Es seguro que en estas reflexiones me repita con todos los ciudadanos que en algún momento debemos usar esas vías.

Para completar, en las carreteras se prolonga la demora de la salida porque con el idiota e inútilpico y placa hasta las 9 de la noche, muchísimas personas no pueden arrancar con tiempo, lo cual se aliviaría con darle a la restricción un horario anticipado más amable en los viernes prepuente, de tal manera que se pueda viajar graneadamente desde la tarde y no estar atorados a la medianoche con familias desesperadas a bordo.

(Le puede interesar: Tránsito y seguridad vial: ¿qué dejó el gobierno Duque y qué falta por hacer?).

En la calle 13 parece que están haciendo un carril adicional luego de que un desafortunado (otro) para la ciudad secretario de Movilidad bloqueó uno real para las bicicletas y despertó una justificada protesta social de los vecinos. Luego sí se puede y las ricas arcas de la ciudad, hinchadas por los impuestos de los automovilistas, podrían atender estas obras inmediatas, así sea con otro préstamo. Es seguro que si traen a algún banquero internacional y lo llevan a almorzar al norte, firma de una el crédito.

¿No podría esta alcaldesa echarles al menos una mirada a las posibilidades de algunos alivios inmediatos en la autopista?

Es posible que nos conteste: “No salga” o “¿cuál trancón?” Y listo el pollo. Perdón por
preadjudicarle las frases, pero es que los antecedentes y la realidad dan pie.

JOSÉ CLOPATOFSKY


Fuente