José Félix Lafaurie: María Isabel Rueda habla con presidente de Fedegán – Proceso de Paz – Política

El presidente de Fedegán, José Félix Lafaurie, cuenta qué lo llevó a aceptar el ofrecimiento del presidente Petro para participar en la negociación con este grupo, qué posibilidades de éxito le ve y bajo qué circunstancias dejaría colgada la toalla.

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¿En su primer encuentro con el Eln alguien tuvo un desplante con usted?

Por el contrario. Soy el extraño del paseo, porque la delegación de Colombia es bastante obvia, con mi excepción. Incluso para los observadores internacionales, noruegos, cubanos, llama la atención mi presencia. ‘Pablo Beltrán’, en más de una oportunidad, se me acercó y tuvimos conversaciones informales, con una actitud desprovista de toda animadversión. Supongo que cuando Petro consideró mi nombre tuvo que haber consultado internamente con ellos.

¿Cómo fue la instalación de la mesa de negociación?

Terriblemente protocolaria. Pero hubo respuestas muy significativas de ‘Pablo Beltrán’ a periodistas. Dijo, por ejemplo, que creía que esta vez sí funcionará la negociación porque no están sentados con un gobierno del establecimiento, sino con uno de izquierda, “de los nuestros, de donde nosotros venimos”. Además, insistió en que cuando han firmado documentos de compromisos con el Gobierno, como fue con el de Santos, siempre han cumplido, mientras que los incumplimientos han provenido del Gobierno.

¿Y el ataque terrorista contra la Escuela de Cadetes qué fue: un cumplimiento o un incumplimiento?

Eso fue gobierno Duque, no Santos, año 2017.

Por eso fue que durante el gobierno Duque se rompieron las conversaciones…

Pero fue gobierno Duque, no Santos. Beltrán también sugirió traer a los gringos a la mesa, porque hay muchos temas que se cruzan, como el del narcotráfico.

Antes de este ofrecimiento que le hizo el gobierno Petro, usted era un empresario muy polémico, asociado por sus adversarios al paramilitarismo y al despojo de tierras. Y de un día para otro pasó a ser el artífice de la reforma agraria y de la paz…

Siempre fui catalogado como un buen muchacho. Muy joven fui director de Síntesis Económica, fundador del Club El Nogal, vice-contralor, superintendente; en mi contra no había cuestionamientos, salvo por una vieja pelea que tuve siempre, desde muchacho, con un personaje menor, que es… ¿cómo se llama? este que fue Procurador y Contralor: Edgardo Maya. Pero yo era un buen muchacho, bien recibido en todas partes. Y de pronto me nombran en Fedegán. Le cuento esta anécdota: cuando se supo la noticia, mi buen amigo Pedro Medellín me preguntó: ‘¿Oye, tú qué tienes que ver con el paramilitarismo?’. Yo me le quedé mirando y le dije: ‘¿En la conducta que has observado a lo largo de los años en que hemos tenido amistad has visto algo extraño, que te cause alguna inquietud con respecto a mi comportamiento?’.

Su papá fundó Fedegán…

Y a la primera persona a la que buscó como presidente fue a Miguel Santamaría Dávila. Y si muchos años después me eligieron a mí, ¿qué tengo yo que ver con el paramilitarismo? ¿Y acaso Juan Camilo Restrepo, hoy uno de mis críticos principales, no era mi amigo? ¿Socio conmigo en la revista Síntesis Económica? ¿En qué momento pasé a ser un mal muchacho? ¿A ver?

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Iván Cepeda y José Félix Lafaurie, miembros de la delegación del Gobierno.

Foto:

Archivo particular.

¿Y cuándo fue?

A esta sociedad la está matando que se deja llevar por narrativas, que se construyen muchas veces con los cercos propios de la política. Pero, además de ello, la izquierda se especializó en rotular, y ganadero es sinónimo de latifundista y paramilitar. Pero como no es cierto, un gobierno de izquierda se atrevió a decirme que le ayudara al sentarme en la mesa con el Eln.

¿Y por qué cree que eso no lo hizo antes un gobierno de derecha?

Por la cobardía. Lo que los españoles llaman la derechita cobarde, o el establecimiento cobarde. Es que yo empecé a oler feo cuando peleé con Santos. ¿En qué momento? Cuando no convine con lo que estaba planeado que sucediera con el sector rural en la negociación con las Farc. Santos prometió dos cosas y las incumplió: que esa negociación iba a ser en muy poco tiempo y que no se iba a tocar el modelo de desarrollo económico. Y el único tema que estuvo sobre el asador fue el tema de la tierra y del desarrollo rural.

Pero con Uribe usted no peleó…

A ver. Es que Uribe no es el establecimiento.

¿No?

¿Establecimiento político colombiano? No.

¿Con Duque sí peleó?

No. Me pareció que a él le faltó firmeza, voluntad para haber defendido las ideas que lo llevaron a la Presidencia y para haber gobernado con la gente que lo ayudó a llegar. Contrario a Petro. Entonces mi pregunta es: ¿la pobreza, la marginalidad, la exclusión son temas exclusivos de unos terratenientes ganaderos?

Pero el tema aquí es su papel en la mesa del Eln. Usted queda muy bien posicionado con esa designación, porque le quitan una cantidad de mala fama que tenía encima, injusta o justa. Y luego Petro queda como un genial reformador, capaz de llevar a la mesa de negociación con la extrema izquierda a la extrema derecha. Él también está feliz, como usted. Y la tercera persona que es feliz es su señora, María Fernanda Cabal, quien logró quedar como coherente, oponiéndose totalmente al papel que le encargó Petro…

Tengo obligaciones con un gremio, que atendió un llamado del presidente Petro, de diálogo y de concertación. Aquí las invasiones estaban a la orden del día, y cuando comenzaron a actuar las brigadas solidarias que habíamos venido impulsado precisamente para evitar las invasiones, empezaron a atemorizar otra vez a la gente con el cuento del paramilitarismo.

Usted dijo que la reforma agraria de Petro se haría sin ustedes o con ustedes, y que era mejor entonces estar adentro. ¿Eso es fidedigno?

Totalmente, lo puse en una columna que escribí en nuestro Nuevo Siglo. A ver. ¿Dígame qué cosa que Petro haya dicho en campaña no está intentando hacerla desde el gobierno? ¿Cuántas veces no se refirió al tema de la tierra y al cumplimiento del primer punto del Acuerdo con las Farc? La diferencia con la reforma pensional, o de salud, o la tributaria que acaba de pasar, u otras muchas más que están en el tintero, es que, en el caso de la tierra, o sea, la expropiación o la extinción administrativa de dominio, no necesita ningún tipo de trámite legislativo, ninguno. Y, mucho menos con lo de Escazú, que da pie para que la Agencia Nacional de Tierras le expropie administrativamente la tierra, en tanto que a los narcotraficantes y a los criminales tiene que ser a través de un proceso judicial.

Simplemente voy a participar en un proceso nada fácil, al que habrá que valorar en la medida en que los hechos consoliden

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Mientras tanto, hay personas que analizando todo este tema dicen: no, pues lo que hicieron los ganaderos fue ganarse la lotería… Van a salir de una cantidad de chicharrones, tierras que no pueden vender y ahora el propio Gobierno se las va a comprar a un justo precio. ¿Qué responde a eso?

Si le quita la palabra negocio, me gusta la apreciación. Porque un negocio es un negocio, y yo aquí no voy en ninguno. ¿A quién favorezco? A muchos ganaderos, que eventualmente pueden terminar siendo sujetos de la compra por parte de la Agencia Nacional de Tierras. Donde Fedegán no tiene nada que hacer, ni va a participar en nada, porque nosotros no tenemos allí ningún tipo de competencia.

¿Las primeras tierras que se vendan serán las que no están produciendo?

¿El Gobierno por qué va a comprar lo que no está produciendo?

Porque si pudiendo serlo son predios improductivos…

Ah, bueno, claro, el Gobierno puede comprar las que no están produciendo, pero tierras fértiles.

Usted está elegido por el Gobierno para integrar una comisión, del Gobierno, que tiene una contraparte, que es la del Eln. Me pregunto: ¿en las discusiones que va a tener en esa mesa qué lado va a defender? Al Gobierno no, porque usted petrista no es. Tampoco es partidario de este gobierno de izquierda. Es el presidente de un gremio muy importante y políticamente muy pesado en el país, pero que tampoco representa todos los intereses del campo. Entonces me pregunto: ¿cuáles son los intereses que usted va a defender en la mesa con el Eln? ¿Los del Gobierno, los gremiales, los agrícolas, los de todo el país o los de la mesa?

Los mismos que he defendido a lo largo de cuarenta años de vida profesional o pública. Democracia liberal, economía de mercado y un mejor país.

Pero ¿qué pasa si en esas discusiones se encuentra en contravía de la delegación del Gobierno?

¿Acaso a mí me llevan a que yo aplauda?

¿Para qué lo llevan?

No soy un papel en blanco, un desconocido. ¿Usted cree que el Gobierno esperará que yo renuncie a todo lo que he pensado y expresado durante toda mi vida? No creo. Yo voy a seguir pensando lo mismo. Ahora: que si mis ideas van a ser acogidas, no sé… Ahí habrá un debate en una mesa, de manera razonada, respetuosa, donde se pondrán una serie de consideraciones, y de allí tendrán que salir decisiones en las que, en algunos casos, habrá que ceder y, en otros casos, pues no se podrá ceder.

Pero ¿si lo derrotan en sus creencias y posiciones, como le pasó al general Mora, usted descarta levantarse de la mesa antes de firmar un acuerdo final? ¿Ha considerado la posibilidad de que en un momento dado no aguante más, en una mesa que le es mucho más adversa que amistosa?

Evidentemente que ha habido muchos fracasos a lo largo de los últimos treinta años. ¿Cuáles han sido los motivos? Múltiples. En consecuencia, uno no ensilla las bestias antes de traerlas. En cada momento uno tendrá que pensar cuáles son los caminos que corresponden. A lo que sí no voy, se lo digo con toda franqueza, es a ser un palo entre las ruedas. Yo seré una persona que desde la orilla en que siempre he estado diré las cosas de manera sincera y directa. O sea, sin eufemismos. De lo que se trata es de una negociación incluyente, además, suficientemente variada, porque los negociadores no son un grupo muy homogéneo. Hay de todo.

Le pongo este ejemplo. Algo inaceptable que, como un gesto de confianza hacia el Eln, una señora como alias Violeta sea sacada de una cárcel, sin haberles pedido el más mínimo perdón a las víctimas ni haber aceptado el atentado contra el centro Andino ni su pertenencia al Eln. Pero hoy ahí está oronda, sentada en su mesa…

No, ella no está en la mesa…

Pero ahí estaba sentada en las fotos, entre el grupo de los negociadores del Eln…

Fue una de las tantas cosas para ver hasta dónde, lo que llaman hoy en día gestos de paz, se dan o no se dan. Incluso, con el respeto debido, se lo dije al alto comisionado y a Otty Patiño, que esas cosas no contribuyen a que la opinión pública tenga expectativas con respecto al tema.

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Pero doctor Lafaurie, ni siquiera el propio Eln lo ha tenido con las familias de los cadetes asesinados en la Escuela… Y ahí están sentados…

Así es. Por voluntad del Gobierno, que me ha invitado a participar en este proceso.

¿Usted cohonesta eso?

No cohonesto nada. Simplemente voy a participar en un proceso nada fácil, al que habrá que valorar en la medida en que los hechos consoliden o un camino cierto para firmar un acuerdo, o mantengan un país radicalizado que no ha sanado sus heridas.

¿Las víctimas ganaderas están dispuestas a contribuir?

Cuando arrancó el proceso de Justicia y Paz de Uribe, a mi esposa, María Fernanda, se le ocurrió crear la fundación Colombia Ganadera, creo que fue en el año 2006, recorrió el país identificando a las víctimas ganaderas. Al propio padre De Roux le entregué dos volúmenes del trabajo de María Fernanda para acabar con el olvido, donde estaban los nombres de los ganaderos asesinados, secuestrados, extorsionados, por todos los actores. Es decir, no hay actor violento que no haya hecho del sector ganadero un objetivo, o económico o militar, etcétera. Pues no mereció ni una palabra de la supuesta Comisión de la Verdad. Después de mucho trajinar, logré que con el Centro de Memoria Histórica se hiciera una publicación para oficializar el tema con un reconocimiento de víctimas. Eso, para que a los ganaderos no los sigan viendo como victimarios, sino como víctimas, aunque es cierto que algunos tomaron el camino, en mi opinión equivocado, de usar las armas para poder responder a las agresiones de su entorno. Es un problema individual, y es la justicia la que tendrá que manifestarse con respecto a ese asunto. Pero ganaderos son 700.000, de los cuales casi el 90 por ciento son tipos de 40 a 15 animales, son muy pequeños ganaderos. Es la pobreza rural. Si todo esto sirve por lo menos para que la sociedad colombiana nos vea como nos tiene que ver, bien valió la pena participar en este proceso. Y si además uno puede contribuir a hacer cosas en la dirección correcta para que se firme un acuerdo, bueno, estaré muy complacido.

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO


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